Una revelación de alto impacto sacudió el tablero diplomático y petrolero argentino en medio de la escalada por la explotación de hidrocarburos en las Islas Malvinas. La compañía neerlandesa Bluewater Energy Services, encargada de construir las monoboyas marinas esenciales para el oleoducto Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS) liderado por YPF, es la misma firma que firmó un millonario contrato con la operadora Navitas Petroleum para alquilar la plataforma flotante Aoka Mizu que operará en el yacimiento Sea Lion, ubicado al norte del archipiélago malvinense.
Superposición contractual entre Punta Colorada y las islas
El proyecto VMOS —integrado por YPF, Vista Energy, Pampa Energía, Pan American Energy, Chevron, Shell y Pluspetrol— adquirió dos boyas de amarre tipo Turret CALM de 272 toneladas cada una para exportar crudo desde las costas de Río Negro hacia el mundo. Dichas estructuras fueron transportadas cruzando el Estrecho de Ormuz y llegarán al país a finales de octubre. Sin embargo, Bluewater acordó de forma simultánea la cesión del buque Aoka Mizu por 12 años a Navitas para la cuenca malvinense por más de 650 millones de dólares, desatando un debate normativo justo después de que el Gobierno Nacional anunciara el endurecimiento de la «Ley Pino Solanas» (Ley 26.659) para castigar e inhabilitar a directores, accionistas y contratistas vinculados a la actividad ilegítima en la plataforma continental.
Costos disparados y riesgo financiero en Sea Lion
A la pulseada soberana se le añade un factor económico determinante: el abismo de costos. Mientras que perforar un pozo en Vaca Muerta demanda entre 10 y 20 millones de dólares, una perforación offshore en las aguas australes de Malvinas trepa hasta los 140 millones de dólares, volviendo la logística marítima hasta catorce veces más onerosa. Expertos y exsecretarios de Energía advierten que, ante la volatilidad internacional del crudo Brent y el escenario de litigio y lejanía, la ecuación de rentabilidad de la cuenca británica pende de un hilo.







