El médico psiquiatra, neurólogo y decano de la Facultad de Medicina de la UBA, Ignacio Brusco, advirtió sobre el incremento sostenido de casos y destacó la importancia de la detección temprana y el acompañamiento comunitario. Factores biológicos del neurodesarrollo en la adolescencia, el impacto de la soledad y la necesidad de sostener redes de apoyo social como políticas de Estado prioritarias.
El suicidio representa uno de los desafíos más complejos y urgentes en materia de salud pública y salud mental en la Argentina actual, con registros que en las franjas adolescentes y juveniles han llegado a equiparar o superar los índices de mortalidad asociados a siniestros viales, triplicando a su vez los decesos ocasionados por homicidios o hechos delictivos violentos.
En un análisis integral, el médico psiquiatra, neurólogo y decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Ignacio Brusco, planteó que la problemática exige trascender la mirada exclusivamente clínica para avanzar hacia un diagnóstico social y comunitario profundo. Desde la perspectiva biológica y del desarrollo neurológico, Brusco explicó que en la adolescencia el sistema límbico asociado al procesamiento de las emociones intensas madura de forma anticipada respecto a la corteza prefrontal, encargada de la planificación, el control de los impulsos y la regulación de la conducta, cuyo proceso culmina recién entre los 25 y 30 años. Esta asincronía incrementa la vulnerabilidad frente a situaciones de angustia o desbordes emocionales.
Asimismo, el especialista remarcó que por cada caso consumado existen entre 10 y 20 intentos o episodios de autoagresión, siendo determinantes factores como el aislamiento, la depresión severa, el consumo problemático de alcohol o sustancias, y las dificultades socioeconómicas agudas. Entre las pautas protectoras fundamentales, Brusco subrayó la necesidad de consolidar redes afectivas y comunitarias, sostener rutinas diarias, evitar el consumo tóxico de información, consultar a profesionales sin estigmatizaciones y hacer cumplir de manera efectiva los alcances de la Ley Nacional de Prevención del Suicidio, garantizando contención interdisciplinaria oportuna tanto a las personas que atraviesan momentos de padecimiento como a sus núcleos familiares.
Fuente: N/A







