Un informe meteorológico elaborado a partir de registros del Centro de Predicción Climática de los Estados Unidos, el Servicio Meteorológico Nacional y entidades agropecuarias elevó al 75% la probabilidad de que el fenómeno de El Niño alcance entre octubre y diciembre una intensidad histórica no registrada desde 1950. El calentamiento en las distintas regiones del océano Pacífico ya muestra un acople directo con la atmósfera, configurando un escenario de alto impacto para la campaña productiva nacional. Según el relevamiento difundido por La Nación, las chances de que el evento meteorológico se sostenga en la categoría de «muy fuerte» superan el 90% hacia el trimestre noviembre-enero, comenzando a perder fuerza recién hacia el cierre del verano.
Para el campo argentino, la proyección abre un panorama de contrastes. Aunque el aporte hídrico mejorará sustancialmente el potencial de los cultivos de la cosecha gruesa en el centro y este del país, los especialistas alertan sobre el incremento de riesgos por anegamientos, granizo, fuertes ráfagas y deterioro de caminos rurales y accesos a plantas de acopio. Asimismo, la saturación de humedad en los perfiles de suelo durante el verano podría disparar problemas sanitarios por enfermedades fúngicas en trigo, maíz y soja.
Este pronóstico a mediano plazo convive con una realidad inmediata compleja en la región núcleo, donde cerca del 70% de los suelos presentaba condiciones de escasez y sequía en el arranque de septiembre. Los especialistas explicaron que no existe contradicción técnica entre la sequedad actual y la posterior sobreabundancia de agua: las precipitaciones que hoy resultan urgentes para sostener el trigo y avanzar con la siembra de maíz temprano podrían transformarse, hacia fin de año, en eventos excesivos que demandarán un manejo cauteloso de fechas y variedades en los planteos agrícolas.







