El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes 21 de septiembre que la Federación Rusa «lamentablemente perdió el control» de su industria de diésel como consecuencia de las reiteradas incursiones militares ucranianas contra sus instalaciones energéticas. A través de un mensaje publicado en su plataforma Truth Social, el mandatario norteamericano renovó su reclamo para poner fin de inmediato a las hostilidades bélicas, alertando sobre el costo humano y el severo impacto económico global derivado del conflicto.

«Rusia lamentablemente perdió el control de su industria de petróleo diésel debido a su guerra con Ucrania. Un gran número de sus refinerías de diésel fueron voladas y están, al menos temporalmente, fuera de servicio. Esta ridícula e interminable guerra con Ucrania debe terminar. El mundo entero sufre mientras 25.000 personas, en su mayoría soldados, mueren cada mes. ¡Qué vergüenza!», sentenció Trump. Los informes de la industria reflejan la gravedad del escenario: al menos la mitad de las seis mayores refinerías rusas debieron recortar drásticamente su producción o frenar sus operaciones durante septiembre tras sucesivas ofensivas con drones desplegadas por las fuerzas de Kiev.
Escasez de combustibles, presión electoral e incautaciones
La ofensiva sistemática ucraniana contra refinerías, oleoductos y puertos de exportación busca asfixiar la principal fuente de ingresos que financia el despliegue militar del Kremlin. Esta merma forzó a Moscú —histórico exportador internacional de derivados del crudo— a decretar una veda temporal a las ventas externas de diésel, medida que vence a fin de mes y que las autoridades rusas prevén extender por 30 días más.
El desabastecimiento también generó repercusiones directas en territorio estadounidense. El valor promedio del galón de diésel trepó al récord de 6,27 dólares, configurando un factor de fuerte presión económica y política para la administración Trump en la antesala de los comicios legislativos de medio término. Pese al intento de una tregua en el sector energético anunciada a mediados de mes, los bombardeos mutuos se mantuvieron ininterrumpidos: drones ucranianos alcanzaron recientemente las plantas de Syzran (Rosneft) y Yaroslavl, mientras que ataques rusos causaron heridos e infraestructura dañada en Kiev, Odesa y Zaporiyia. En simultáneo, el Kremlin endureció sus represalias económicas al confiscar e intervenir activos de firmas occidentales radicadas en su territorio, tomando el control operativo de la fábrica de la compañía estadounidense Aptar, tras avanzar previamente sobre plantas de Nestlé y holdings franceses.








