El estremecedor caso de Nerea Geraldine Pereira (11), hallada sin vida en el baño de su casa en calle 19 al 1500 en Berazategui, continúa sumando detalles que causan indignación y dolor en el conurbano bonaerense y en todo el país. Mientras la causa avanza con cuatro familiares directos detenidos —su madre Rocío Pereira, su abuela Mónica Villalba y sus tíos maternos Ezequiel Pereira y Enzo Sánchez—, los testimonios de los vecinos de la zona y de la comunidad educativa de la Escuela N° 27 «Constancio Vigil» sacaron a la luz un prolongado historial de maltratos, violencia explícita y desamparo intrafamiliar.

Lo que en un primer instante fue denunciado como un presunto suicidio se transformó en una investigación por abandono de persona seguido de muerte y presunto homicidio calificado, luego de que la autopsia preliminar detectara severos golpes en la espalda, hemorragia interna y lesiones compatibles con abuso sexual de vieja data. A esa contundencia médica se sumaron ahora las voces del barrio, que ratificaron que las alarmas sobre la vulnerabilidad de la pequeña venían encendiéndose desde hacía tiempo sin una respuesta institucional efectiva.
Gritos, moretones y niños descalzos en la madrugada
Irma, abuela de un compañero de 6° grado de Nerea, contó conmovida que su nieto le confesaba que la niña «siempre tenía los brazos golpeados» y que en el colegio la veían «siempre triste». Además, recordó episodios de agresividad verbal constante por parte de la madre hacia sus otros hijos: «Pasaba por la puerta cuando retiraba al nene chiquito del jardín, el nene lloraba y ella le gritaba: ‘Ahora cuando lleguemos a casa te voy a matar, vas a ver lo que te va a pasar'».
A estas declaraciones se agregaron los testimonios de otras vecinas de la cuadra. Ofelia relató que los chicos solían quedar a la intemperie hasta pasada la medianoche, descalzos en la calle, mientras en el interior se oían pedidos desesperados: «Se los escuchaba suplicar: ‘Mamá, por favor'». En el mismo sentido, Brisa remarcó que «la madre los tenía completamente abandonados, todos en el barrio sabían cómo era». La comunidad escolar permanece movilizada y bajo asistencia psicológica, mientras la fiscalía profundiza los testimonios para determinar eventuales omisiones de denuncia y el grado de responsabilidad penal de cada uno de los cuatro detenidos.








