Detrás de las cifras económicas, las pujas paritarias y las audiencias oficiales, la paralización del transporte público en San Juan expone historias humanas atravesadas por la urgencia y la vulnerabilidad. Es el caso de Eliana Ruarte, una vecina sanjuanina y paciente oncológica que este miércoles debía trasladarse hasta el centro asistencial para retirar los fármacos que le permitirían iniciar sus sesiones de quimioterapia, pero quedó varada en su hogar a raíz de la huelga por tiempo indeterminado impulsada por la UTA.

Eliana había recibido el martes la confirmación más esperada: las drogas específicas para su tratamiento ya estaban disponibles para ser retiradas. Sin embargo, al carecer de vehículo particular o recursos para afrontar traslados privados de larga distancia entre hospitales, el servicio de colectivos era su única vía de conexión. La urgencia era total, ya que según le habían informado previamente, el Banco de Drogas no realiza atención al público los días jueves, lo que demoró de manera obligada el inicio de su esquema terapéutico.
«Quizás alguien pueda pensar que es solamente un día. Pero para mí no es un día más: es el día que tenía organizado para retirar mi medicación. Quienes atravesamos un tratamiento oncológico sabemos lo fundamental que resulta cumplir con cada paso, con cada fecha y con cada medicamento en tiempo y forma», expresó con angustia e impotencia.
Lejos de manifestar animosidad contra los choferes, la mujer aclaró expresamente que comprende la validez del reclamo salarial que llevan adelante los trabajadores nucleados en la UTA frente a las empresas nucleadas en ATAP. No obstante, advirtió sobre la desprotección absoluta en la que quedan atrapados los pacientes crónicos y personas bajo tratamientos complejos que dependen de manera indispensable de las unidades de transporte para acceder a la salud pública en la provincia.








