En una determinación sin precedentes en la era moderna que desató una inmediata controversia internacional, el Pentágono confirmó que transmitirá en vivo la ejecución por fusilamiento de Nidal Hasan, el exmayor del Ejército de Estados Unidos condenado a la pena capital por asesinar a 13 personas e herir a más de 30 en una base militar de Texas en 2009. La medida fue autorizada de manera formal por el presidente Donald Trump y quedó programada para el próximo 3 de diciembre.
El anuncio fue ratificado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien justificó el uso del pelotón de fusilamiento y defendió el carácter público que tendrá el procedimiento. «Será ejecutado por un pelotón de fusilamiento, como debe ser, y nos aseguraremos de que la gente pueda presenciarlo, que sea público. La gente tiene que entender que existen consecuencias graves para estas cosas», sentenció el funcionario, mientras equipos técnicos del Departamento de Defensa definen el formato de emisión.

Un quiebre histórico tras décadas sin fusilamientos militares
La resolución representa un quiebre absoluto en los protocolos penitenciarios y castrenses norteamericanos. Según registros del Death Penalty Information Center, las Fuerzas Armadas estadounidenses no llevan a cabo una ejecución desde el 13 de abril de 1961, cuando el soldado John A. Bennett murió en la horca. Para hallar el último fusilamiento militar en el país norteamericano es necesario retroceder más de ocho décadas, hasta el 9 de noviembre de 1945, en el epílogo de la Segunda Guerra Mundial. La decisión de televisar el ajusticiamiento abrió un encendido debate ético y legal sobre los límites del espectáculo en la aplicación de la pena de muerte.








