La misión Artemis II de la NASA entra en su fase más crítica con el diseño del reingreso a la atmósfera. La cápsula deberá soportar temperaturas extremas y una velocidad récord para garantizar la seguridad de los cuatro astronautas a bordo.
El regreso tras rodear la Luna La misión Artemis II no solo marca el retorno de seres humanos a las cercanías de la Luna después de más de medio siglo, sino que también pone a prueba la tecnología de escudo térmico más avanzada jamás construida. Tras completar su trayectoria elíptica alrededor del satélite natural, la nave Orion iniciará su camino de vuelta a casa, una maniobra que requiere una precisión milimétrica para evitar que la cápsula rebote en la atmósfera o se desintegre por la fricción.
La técnica del «salto» atmosférico Para reducir la velocidad y las fuerzas G que deben soportar los tripulantes, la NASA utilizará una técnica denominada skip entry (entrada con salto). Al igual que una piedra que rebota en el agua, la Orion entrará brevemente en la atmósfera superior, saldrá de ella para enfriarse y liberar energía, y luego realizará el reingreso definitivo. Esta maniobra permite un control mucho más exacto sobre el lugar del amerizaje, facilitando las tareas de rescate en el Océano Pacífico.
Calor extremo y blindaje térmico El momento más tenso del reingreso ocurrirá cuando la nave alcance velocidades cercanas a los 40.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, la fricción con el aire genera una capa de plasma que eleva la temperatura exterior del escudo a unos 2.800 grados centígrados, la mitad de la temperatura de la superficie del Sol. Durante este proceso, se producirá un «apagón de comunicaciones» de varios minutos, donde el calor extremo impedirá que las señales de radio entren o salgan de la cápsula.
El amerizaje y la recuperación Una vez superada la fase de máximo calor y ya en la atmósfera baja, el sistema de paracaídas —compuesto por 11 unidades que se despliegan de forma secuencial— entrará en acción para frenar la caída hasta unos 30 kilómetros por hora. El objetivo es un impacto suave en las aguas frente a la costa de California, donde un buque de la Marina de los Estados Unidos estará aguardando para recuperar a los astronautas y a la nave, sellando así el éxito de una misión que prepara el terreno para el próximo gran paso: el desembarco humano en el polo sur lunar.







