Israel celebra este martes 27 de octubre elecciones legislativas trascendentales para definir la conformación de la 26ª Knéset, en la primera cita con las urnas tras los ataques perpetrados por Hamas el 7 de octubre de 2023. La votación se desarrolla bajo un clima de profunda tensión política y social, atravesado por la prolongada guerra en la Franja de Gaza, los frentes abiertos en Líbano e Irán y las controversias internas derivadas de la crisis institucional y la reforma judicial previa al conflicto armado. Alrededor de 7,3 millones de ciudadanos se encuentran habilitados para sufragar, en unos comicios donde compiten unas 30 agrupaciones y se requieren 61 escaños para alcanzar la mayoría parlamentaria.
El actual primer ministro Benjamin Netanyahu (77 años), quien acumula más de 19 años al frente del Ejecutivo en distintos períodos, lidera la coalición oficialista encabezada por el Likud, secundado por sectores ultraortodoxos y la derecha religiosa de Itamar Ben Gvir. Sin embargo, el premier llega con un severo desgaste interno por las fallas de seguridad que permitieron la incursión de Hamas y por las causas judiciales en su contra, además de afrontar una orden de detención internacional emitida en 2024 por la Corte Penal Internacional y duros informes de organismos vinculados a la ONU por las operaciones militares en Gaza y Cisjordania. En su estrategia de campaña, Netanyahu apeló al respaldo internacional de Donald Trump, alertó sobre la amenaza iraní y acusó a sus contendientes de representar una alternativa débil frente al terrorismo.
El principal desafío electoral proviene de la centroderecha sionista con fuerte impronta militar que encabeza el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot al frente de Yashar, en articulación con el espacio Beyajad. Los sondeos preliminares anticipan un virtual empate técnico: proyectan entre 52 y 56 bancas para la coalición opositora frente a unas 50 del oficialismo, mientras que la centroizquierda —nuclearizada en Los Demócratas bajo la conducción de Yair Golán— aparece relegada. La plataforma de Eisenkot propone conformar una comisión investigadora independiente sobre el 7 de octubre e instaurar el servicio militar obligatorio para los sectores jaredíes (ultraortodoxos), eje que ya desató fuertes fricciones en la propia coalición gubernamental. En este tablero fragmentado, los partidos que representan a la minoría árabe-israelí (con una proyección cercana a las 14 bancas) podrían transformarse en un actor bisagra determinante para la viabilidad de cualquier pacto de gobernabilidad.








