Un exhaustivo estudio epidemiológico internacional que analizó la situación sanitaria en 204 países y territorios reveló que, entre 1990 y 2023, la cantidad global de personas que viven con anorexia o bulimia nerviosa registró un alarmante incremento del 71%, alcanzando un total estimado de 18,1 millones de afectados. La investigación, encabezada por el Hospital Infantil de la Universidad Médica de Nanjing y publicada en la prestigiosa revista científica JAMA Psychiatry, arrojó que casi siete de cada diez casos (69,4%) corresponden a la población femenina y que el 41,2% del impacto se concentra de forma directa entre los 10 y los 24 años. Asimismo, los autores proyectan que hacia 2050 la cifra escalará a 21,8 millones de personas en todo el mundo.

En la comparativa geográfica, la Argentina presentó una tasa combinada de 366,4 casos estimados por cada 100.000 habitantes, lo que representa una marca un 62% superior al promedio mundial (fijado en 225,6). En la región sudamericana, el índice nacional se ubicó por detrás de Perú (468,8), Ecuador (457,1), Bolivia (394,5), Brasil (389,6) y Chile (386,3), pero superó las métricas de Paraguay, Colombia y Venezuela. Profesionales de la salud mental y la nutrición advierten que las presiones estéticas, la influencia de las redes sociales y una mayor precisión en el tamizaje diagnóstico explican parte de la tendencia creciente.

Detección precoz en el hogar: las señales a las que deben estar atentos padres y docentes Especialistas del Hospital Alemán y del Programa de Adolescencia del Hospital de Clínicas de la UBA encendieron las alarmas por la aparición de cuadros a edades notablemente tempranas, detectando consultas recurrentes en niños y niñas menores de 15 años. En los preadolescentes, advierten las expertas, los trastornos suelen manifestarse sin vómitos ni laxantes, sino a través de somatizaciones como dolores abdominales continuos, náuseas, miedo a tragar o una marcada restricción selectiva de alimentos. En tanto, en los varones suele camuflarse bajo la búsqueda obsesiva de masa muscular y dietas hiperproteicas sin supervisión.

Frente a la gravedad de patologías que conllevan severos riesgos cardiovasculares, retraso en el crecimiento, fallas orgánicas y riesgo de suicidio, los profesionales instaron a las familias a vigilar alteraciones sutiles en la mesa cotidiana: desmenuzar o esconder la comida, tardanza desmedida al almorzar o cenar, tomar agua en exceso para engañar la saciedad, aislarse para no compartir comidas familiares y ejercitar de manera compulsiva. La intervención multidisciplinaria temprana resulta indispensable para evitar daños irreversibles durante el desarrollo físico y emocional.








