Detrás de la multitud que desbordó Bermejo este fin de semana, existe un grupo de fieles que guarda la memoria de cuando el pueblo era apenas un puñado de casas olvidadas por el tiempo. Para ellos, San Expedito no es solo el «Santo de las causas urgentes», sino el motor que transformó el desierto caucetero en un epicentro de fe nacional que hoy moviliza a más de 8.000 personas.
De la casa de Doña Petronila al nuevo santuario
La historia oficial y la de los promesantes más antiguos coinciden en un nombre clave: Petronila Mercado de Lucero. Fue en su humilde casa donde comenzó todo a mediados de la década del 50, cuando una turista le obsequió la imagen de San Expedito. Quienes visitaban el lugar hace 40 años recuerdan que la «capilla» era una habitación de familia. «Vimos cómo se levantó la primera capillita hace 20 años y ahora ver este nuevo santuario gigante es ver un milagro en sí mismo», relató emocionada una de las devotas que asiste sin falta cada 19 de abril.
El crecimiento de un pueblo que vive del Santo
Para los vecinos y los promesantes de larga data, el crecimiento del santuario es indisociable del progreso de Bermejo. Lo que antes era una zona de paso desértica, hoy es una villa turística religiosa que cuenta con una galería comercial, servicios para el peregrino y una mega obra en marcha. «San Expedito salvó al pueblo», aseguran los lugareños, quienes recuerdan las épocas de mayor escasez de agua y aislamiento, problemas que, aunque persisten en parte, han encontrado un alivio gracias al flujo constante de turismo de fe.
Una fe que se transmite de generación en generación
El relato de estos «históricos» no se centra solo en lo edilicio, sino en la mística del lugar. Destacan que, a pesar de la modernización y la llegada de miles de personas de otras provincias, el sentimiento de comunidad en Bermejo se mantiene intacto. La reciente incorporación de la procesión de antorchas durante la vigilia de este año fue vista por los antiguos promesantes como un retorno a la intimidad de las primeras oraciones, cuando el pueblo se iluminaba apenas con velas para pedirle al guerrero romano.
El legado hacia el futuro
Con la mirada puesta en la finalización del nuevo templo, estos fieles actúan como custodios de la tradición. Su testimonio es fundamental para que las nuevas camadas de promesantes entiendan que el fenómeno de San Expedito en San Juan no surgió de la nada, sino del esfuerzo de una comunidad que creyó en lo imposible y trabajó durante décadas para que su «patrón» tuviera el hogar que hoy atrae a miles de almas.







