El «oro verde» de San Juan se encuentra ante una oportunidad histórica. Con un mercado internacional que no para de crecer, los productores locales enfrentan el desafío de escalar su producción sin perder la calidad premium que caracteriza a la provincia. Para lograrlo, especialistas del sector sugieren una serie de ejes estratégicos que van desde la optimización del riego hasta la integración comercial.
Modernización del riego y manejo hídrico
Dada la crisis hídrica que atraviesa la región, la estrategia fundamental para asegurar la sostenibilidad del cultivo es la implementación de sistemas de riego por goteo de alta precisión. La tecnificación no solo permite un ahorro significativo del recurso, sino que garantiza que la planta reciba la hidratación justa en etapas críticas, como el llenado del fruto. El uso de sensores de humedad de suelo y estaciones meteorológicas propias permite a los productores sanjuaninos tomar decisiones basadas en datos, optimizando cada litro de agua disponible.
Ampliación de la superficie y genética seleccionada
Para satisfacer los volúmenes que exigen mercados como Europa y Asia, San Juan debe continuar con la expansión de su superficie implantada. Sin embargo, esta expansión debe ser inteligente: se recomienda el uso de portainjertos resistentes y variedades con alta productividad, como la Kerman, que ha demostrado una excelente adaptación a los suelos calcáreos y al clima de los valles locales. La planificación a largo plazo es vital, considerando que el pistacho es un cultivo que tarda varios años en alcanzar su plenitud productiva.
Integración y agregado de valor en origen
Una de las estrategias más potentes para competir en el exterior es la formación de consorcios de exportación o cooperativas. La unión de pequeños y medianos productores permite alcanzar el volumen necesario para llenar contenedores y negociar mejores precios de flete. Asimismo, la inversión en plantas de procesado propias (pelado, secado y clasificación) en las zonas de producción de San Juan permite reducir costos logísticos y exportar un producto con mayor valor agregado, evitando la dependencia de intermediarios.
Certificaciones y estándares de calidad internacional
Para entrar en los mercados más exigentes, no basta con tener un buen producto; hay que demostrarlo. Los productores deben avanzar firmemente en la obtención de certificaciones internacionales como Global GAP o certificaciones orgánicas. Estas credenciales son llaves de acceso a las principales góndolas del mundo, donde el consumidor está dispuesto a pagar un plus por trazabilidad y seguridad alimentaria. San Juan cuenta con una ventaja comparativa por su baja incidencia de plagas, lo que facilita el camino hacia una producción más limpia y sustentable.







