Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) justificaron los recientes ataques como medidas preventivas para neutralizar amenazas, mientras la cifra de víctimas en territorio libanés continúa en ascenso.
A pesar de la vigencia de un acuerdo de alto el fuego, la intensidad de los combates en el sur del Líbano no ha cedido. El ejército israelí confirmó este sábado la continuación de sus operaciones militares contra objetivos estratégicos de Hezbolá, bajo la premisa de eliminar peligros inminentes para sus tropas y la población civil.
Operaciones militares y bajas reportadas Según el comunicado oficial de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), las incursiones aéreas y terrestres de las últimas horas se centraron en:
- Instalaciones de la Fuerza Radwan (unidad de élite de Hezbolá).
- Depósitos de armamento estratégicos.
- Neutralización de células operativas en la zona del río Litani.
El balance de las FDI detalla la muerte de más de 15 milicianos de Hezbolá durante el fin de semana, incluyendo ataques específicos contra vehículos que transportaban armamento en el distrito de Nabatieh. Por su parte, Hezbolá respondió a la ofensiva mediante el uso de drones contra vehículos militares israelíes y el disparo de cohetes hacia aldeas fronterizas.
El costo humano del conflicto Los informes del Ministerio de Salud del Líbano reflejan una situación crítica. Solo el sábado, los bombardeos en Safad al-Battikh y Nabatieh dejaron un saldo de muertos y heridos que se suma a una estadística alarmante. Desde el inicio de la escalada el pasado 2 de marzo hasta el 25 de abril de 2026, se contabilizan:
- 2.496 fallecidos.
- 7.725 heridos.
Una tregua frágil bajo la mediación de EE. UU. Esta persistencia de las hostilidades ocurre en un contexto diplomático complejo. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció recientemente una extensión de tres semanas para el cese al fuego que originalmente debía durar diez días. Sin embargo, la realidad en el terreno parece contradecir los esfuerzos de Washington.
El acuerdo, que entró en vigor a mediados de abril, buscaba poner freno a semanas de combates vinculados directamente a la guerra regional que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, pero la falta de garantías de seguridad en la frontera sigue dinamitando la estabilidad del pacto.







