Estamos a 43 días del inicio de la gran cita. Hoy el scanner mundialista se queda en casa para analizar a uno de los organizadores: Canadá. Los «Canucks» ya no son aquel equipo que solo participaba; ahora son una realidad competitiva que busca aprovechar la localía para meterse, por primera vez, en los cruces de eliminación directa.
Atrás quedó la experiencia de 2022. Este equipo llega con rodaje, con sus figuras en los mejores clubes de Europa y con un sistema de juego que prioriza la explosividad.
El fortín de Toronto para el debut
Canadá abrirá su participación en el BMO Field ante su gente. El sorteo le fue relativamente amigable, evitando a los «cucos» en el debut, pero Bosnia es un rival físico que exigirá al máximo a la defensa canadiense. Ganar el primer partido es la obsesión de los dirigidos por Jesse Marsch para encaminar la clasificación en un grupo que se presume muy parejo detrás de Suiza.

Alphonso Davies: El capitán del nuevo mundo
Davies ya no es la promesa de velocidad; es el líder táctico y espiritual. Jugando mucho más suelto que en el Bayern, en su selección es el dueño de cada ataque. Su capacidad para romper líneas en transición será la llave de Canadá para desarmar el cerrojo bosnio en el debut.

Velocidad letal y presión alta
Si algo define a esta Canadá es que no te deja respirar. Con Jonathan David como referencia de área y la frescura de sus extremos, los canadienses apuestan a un juego de «golpe por golpe». Saben que en el intercambio de velocidad tienen ventaja sobre la mayoría de los equipos del Grupo B.
El dato de Diario Colón: Canadá juega todos sus partidos de fase de grupos en suelo propio (Toronto y Vancouver). Ese plus del público puede ser determinante para pelearle el primer puesto a los suizos. Si logran ganar el grupo, el camino a octavos se les despeja bastante. ¡Ojo con los «Canucks» que este año no son invitados de piedra!
Mañana: «Los Ajedrezados» de Croacia
Mañana analizamos a la inagotable Croacia. Con un mediocampo que sale de memoria, el equipo de Modrić quiere demostrar que la jerarquía no tiene fecha de vencimiento. ¿Es este el último baile de una generación irrepetible? Lo vemos mañana.







