El tradicional certamen de Roland Garros quedó envuelto en un clima de extrema tensión luego de que las principales figuras de los circuitos ATP y WTA anunciaran una protesta coordinada para reclamar mejoras sustanciales en la distribución de las ganancias de los Grand Slam. Según reveló el diario francés L’Equipe, la medida de fuerza inicial consistirá en limitar a solo quince minutos sus apariciones ante los medios de comunicación durante el «Media Day», negándose además a conceder entrevistas individuales.
El núcleo del conflicto económico radica en la enorme disparidad de porcentajes que reciben los deportistas. Mientras que los torneos regulares de los circuitos ATP y WTA destinan aproximadamente el 22% de su facturación total a los premios de los jugadores, los Grand Slam distribuyen apenas un 15% de sus ingresos. Ante esto, el reclamo unificado de los tenistas apunta a que ese porcentaje se incremente de manera gradual hasta alcanzar el 22% en un plazo de cinco años.
La chispa que encendió las alarmas de los organizadores fueron las declaraciones de la número uno del mundo, Aryna Sabalenka, quien advirtió semanas atrás sobre la posibilidad de un boicot definitivo si no se escuchaban sus derechos comerciales. A este descontento generalizado se sumaron estrellas de la talla de Jannik Sinner, Carlos Alcaraz, Coco Gauff, Casper Ruud y Alex De Minaur, quienes buscan que la relación con los organizadores deje de ser la de un empleado y pase a ser una sociedad comercial justa.
Además del aspecto netamente financiero, los deportistas exigen mayor peso en la toma de decisiones clave, tales como la programación de partidos a altas horas de la noche, la extensión de las jornadas y cuestiones de logística que afectan directamente su rendimiento. El proyecto que nuclea estas peticiones, bautizado como Proyecto RedEye, también incluye reclamos históricos sobre el bienestar de los atletas, tales como un sistema sólido de pensiones, seguros médicos integrales, cobertura de salud mental y licencias por maternidad efectivas.
Como respuesta inmediata al impacto mediático del anuncio, la dirección de Roland Garros y la Federación Francesa de Tenis convocaron de urgencia a una reunión con los agentes de los principales tenistas. Aunque la organización se mostró predispuesta a abrir canales de diálogo sobre gobernanza y distribución, lamentó públicamente una medida que, según el comunicado oficial, perjudica de forma directa a los trabajadores de prensa y a los miles de aficionados que hacen sustentable el espectáculo.







