El gigante minero evalúa alternativas de infraestructura eléctrica para El Pachón. Su postura abre un debate técnico y estratégico frente a la obra de alta tensión que la canadiense Lundin Mining proyecta para el norte de la provincia.
La carrera por el cobre en San Juan no solo se disputa en los cerros y los yacimientos; ahora sumó un capítulo clave en los escritorios de planificación de infraestructura energética. La multinacional Glencore metió presión al mapa eléctrico provincial al poner bajo la lupa la conveniencia y viabilidad de la línea de alta tensión de 500 kV que el distrito minero Vicuña (liderado por Lundin Mining y el proyecto Josemaría) impulsa para abastecer el norte sanjuanino.
El debate no es menor: la infraestructura energética es el verdadero cuello de botella para que los megaproyectos de cobre de la provincia dejen de ser promesas y se conviertan en realidades operativas.
Dos visiones para la misma provincia
Por un lado, el distrito Vicuña viene traccionando con fuerza la necesidad de construir una línea de 500 kV que conecte el sistema interconectado nacional con el extremo norte de San Juan, una obra de escala monumental que permitiría alimentar no solo a Josemaría, sino también a futuros desarrollos de la zona.
Sin embargo, Glencore, la operadora detrás de El Pachón —el histórico y gigante yacimiento de cobre ubicado en Calingasta, al sudoeste de la provincia—, mira el mapa con otros ojos. Fuentes del sector señalan que la compañía suiza prefiere evaluar alternativas técnicas y de trazado que optimicen los costos y los tiempos de ejecución específicos para su proyecto, poniendo en duda si el diseño actual de la línea de 500 kV planteada por sus competidores es el más eficiente para el esquema minero global de San Juan.
El nudo de la cuestión radica en quién financia, por dónde pasa y a qué proyectos prioriza la futura red eléctrica de alta tensión en la provincia.
Un tablero de ajedrez clave para San Juan
La postura de Glencore introduce una cuota de realismo y competencia en la mesa de negociaciones donde el Gobierno provincial busca articular la inversión pública y privada. Para San Juan, lograr un consenso entre las grandes operadoras es vital: ninguna de estas obras de infraestructura masiva puede ser afrontada de manera individual sin resentir fuertemente los costos de capital (Capex) de los proyectos.
Mientras la Mesa del Cobre y las autoridades locales buscan unificar criterios, el «desafío» de Glencore deja en claro que el camino hacia la era del cobre en San Juan requerirá tanta diplomacia corporativa como ingeniería de montaña. Las próximas semanas serán de intensas reuniones técnicas para definir si la provincia avanza hacia un tendido unificado o si el mapa eléctrico se fragmentará según las urgencias de cada gigante minero.







