La interna por la conducción de la principal entidad agropecuaria del país se tornó encarnizada. El vicepresidente y candidato opositor cruzó con dureza al actual titular tras el lanzamiento de su campaña de reelección. Pereda afirmó que Pino busca un cuarto mandato prohibido por las normas internas, le reclamó que habilite los comentarios en sus redes y sentenció: «En el campo respetamos la palabra».
La batalla electoral por la presidencia de la Sociedad Rural Argentina (SRA) dinamitó cualquier puente de convivencia entre sus dos máximos dirigentes. Horas después de que Nicolás Pino oficializara su postulación para seguir al frente de la entidad por la línea «Presencia Federal», su vicepresidente y rival directo, Marcos Pereda, salió a cruzarlo con inusitada virulencia en el espacio público, calificando la maniobra como una «estafa» y una «burla flagrante» hacia los afiliados.
El nudo del conflicto, que se resolverá en las urnas el próximo 9 de septiembre, abandonó las sutilezas técnicas de las oficinas de Palermo para convertirse en un crudo intercambio de reproches éticos. La oposición acusa al oficialismo de intentar atornillarse en el poder forzando una interpretación amañada del estatuto que ambos reformaron hace apenas tres años.
«La burla más flagrante»: los duros posteos del candidato opositor
Pereda utilizó sus plataformas digitales para fijar una postura durísima y marcarle la cancha a Pino. El dirigente recordó que, desde que la actual conducción desembarcó en la Rural, se implementaron diversas modificaciones reglamentarias orientadas a modernizar la institución y garantizar la alternancia, siendo la más importante el tope de tres períodos consecutivos para el cargo de presidente.
Para el candidato de la oposición, esa barrera temporal ya se encuentra completamente agotada y la nueva candidatura de Pino vulnera todos los acuerdos de palabra que le dieron forma a la reforma:
“Aunque la dibuje, los socios sabemos que ese plazo se cumplió. Al anunciar su postulación para un cuarto mandato, termina por configurar la estafa a los socios que veníamos advirtiendo. Nadie debe creerse dueño de ninguna institución. Nadie debe violentar los acuerdos ni romper las reglas”.
En la misma línea de ataque, Pereda fustigó la falta de reciprocidad de la norma: “Pino acordó con los socios el tope de tres mandatos. Se olvidó de avisarles que eso corre para todos menos para él. Es la burla más flagrante”.

El reclamo por el «ejercicio democrático» y el valor de la palabra
El nivel de hostilidad en la cúpula de la SRA no se limitó al encuadre legal de los mandatos. Pereda aprovechó la exposición de la campaña para acorralar a Pino en el plano de la comunicación digital, ironizando sobre los filtros y restricciones que el actual presidente mantiene en sus perfiles oficiales.
“Ahora que sos candidato, ¿vas a abrir tus redes sociales a los comentarios? Es un ejercicio democrático que te aconsejo”, disparó el vicepresidente, buscando sembrar dudas sobre la vocación de debate y la cercanía de la actual conducción con las bases societarias. Para rematar su embestida, apeló a la identidad tradicional del sector productivo y le dejó una advertencia con tono de sentencia: “No te olvides de que en el campo respetamos la palabra”.
Un oficialismo acorralado por el debate de la institucionalidad
A pesar de la gravedad de las acusaciones vertidas por su compañero de fórmula, la actual conducción de la Sociedad Rural optó por mantener un estricto silencio público y evitó emitir una respuesta detallada a los dardos de Pereda. El entorno de Pino se aferra a la interpretación legal de que los mandatos deben contarse «de aquí en adelante» desde la firma de la reforma de 2023, restando validez al argumento de la retroactividad.
Sin embargo, el clima en los 14 distritos rurales del país se mantiene sumamente enrarecido. Entre los socios crece la preocupación por el impacto que este nivel de descalificaciones cruzadas pueda tener sobre la cohesión interna, la representatividad sectorial y el histórico prestigio institucional de la SRA, en momentos donde el campo necesita abroquelarse para negociar variables macroeconómicas clave con la Casa Rosada.








