Tuvieron que pasar 53 años de frustraciones, pero la sequía llegó a su fin. En una noche que quedará grabada en los libros de oro del básquetbol mundial, los New York Knicks se coronaron campeones de la NBA tras derrotar a los San Antonio Spurs por 94 a 90 en condición de visitantes, liquidando las Finales de la liga por un global de 4 a 1. El equipo neoyorquino sacó a relucir su mística en el AT&T Center de Texas para revertir una desventaja de doble dígito en el último cuarto y desatar el festejo postergado desde 1973.
El héroe indiscutido de la hazaña fue Jalen Brunson, quien no solo clavó el doble decisivo para romper el empate a falta de un minuto, sino que firmó una planilla descomunal de 45 puntos. Esta actuación consagratoria le permitió quedarse, sin ningún tipo de discusión, con el premio al MVP de las Finales. En el bando perdedor, el gigante francés Victor Wembanyama aportó 19 puntos y 14 rebotes, pero sintió el desgaste ante la asfixiante defensa de los dirigidos por Mike Brown.
Otra de las grandes figuras de la noche fue el pívot Karl-Anthony Towns, quien complementó el trabajo de Brunson en la pintura y se quebró en llanto al término del partido, dedicándole el histórico anillo a su madre fallecida durante la pandemia de COVID-19.
Una campaña para la historia
El camino de los Knicks hacia su tercer título de la historia no fue casualidad. Tras registrar una sólida fase regular con 53 victorias y 29 derrotas, el conjunto de Manhattan fue demoliendo rivales en los Playoffs del Este: despachó a Atlanta Hawks (4-2), barrió a Philadelphia 76ers (4-0) y no le dio chances a Cleveland Cavaliers (4-0).
Exactamente 19.393 días después de su última gloria en la época de Walt Frazier, Nueva York vuelve a tocar el cielo con las manos y el Madison Square Garden ya prepara una fiesta sin precedentes.








