Más de 41 millones de colombianos eligen este domingo al sucesor de Gustavo Petro. Una jornada clave para la región que se debate entre la derecha de Salvación Nacional y la izquierda del Pacto Histórico, cruzada por denuncias de irregularidades y alertas de seguridad.
América Latina contiene el aliento. Este domingo, Colombia atraviesa una de las jornadas electorales más polarizadas y determinantes de su historia reciente. En una crucial segunda vuelta presidencial, más de 41 millones de ciudadanos están habilitados para elegir al mandatario que gobernará el país durante el periodo 2026-2030, decidiendo entre dos proyectos de nación diametralmente opuestos.
La contienda pone frente a frente a Abelardo de la Espriella, representante del partido Salvación Nacional (en fórmula con José Manuel Restrepo), y a Iván Cepeda, líder del Pacto Histórico y la Alianza por la Vida (acompañado por Aida Quilcué). Cabe recordar que en la primera vuelta, De la Espriella se alzó con el primer lugar alcanzando el 43,7% de los sufragios, seguido muy de cerca por Cepeda con el 40,9%. Al no superar ninguno el umbral del 50% más uno, la moneda quedó en el aire para resolverse este domingo.
Entre la tranquilidad de las urnas y las denuncias de fraude
Desde la apertura de las mesas, los candidatos buscaron dar señales de fuerza. El abogado derechista De la Espriella «madrugó» a emitir su voto en la caribeña Barranquilla, mientras que el referente de izquierda Iván Cepeda hizo lo propio en la localidad de Kennedy, en Bogotá.
Si bien el Ministerio de Transporte, bajo la gestión de María Fernanda Rojas, reportó una «absoluta normalidad» en la movilidad y los sistemas públicos de todo el país, el plano político y organizativo se vio sacudido por fuertes cruces. El propio ministro del Interior, Armando Benedetti, encendió las alarmas al confirmar desde el Puesto de Mando Unificado la detección de tarjetones electorales previamente marcados con rayas o puntos en al menos 14 departamentos del país, incluidos Atlántico, Bolívar, La Guajira y Bogotá. Ante esto, la Registraduría Nacional tuvo que salir a aclarar de urgencia que cualquier tarjeta marcada debe ser reemplazada de inmediato para garantizar la transparencia del sufragio.
Por su parte, la Procuraduría sumó preocupación al informar la inasistencia de unos 14.000 jurados de votación en más de 400 municipios. Asimismo, se reportaron cortes de luz y fallas de conectividad en zonas del interior, junto con denuncias de «constreñimiento al voto» mediante personas que fotografiaban su elección, una práctica prohibida ante la cual la Policía recibió órdenes estrictas de decomisar teléfonos celulares.
Clima de polarización y mirada internacional
El escenario previo estuvo marcado por una fuerte tensión institucional. El presidente saliente, Gustavo Petro, lanzó duras acusaciones sobre presuntas irregularidades en el Formulario E-14 (el acta oficial de escrutinio), lo que obligó a la Registraduría a emitir un comunicado defendiendo el sistema de «testigo digital» y la inviolabilidad de los metadatos. Estas intervenciones del mandatario llevaron a que el Consejo Gremial de Colombia denunciara formalmente a Petro ante la Misión de Observación Electoral de la OEA por considerar que comprometía la neutralidad institucional y la equidad del proceso.
A pesar de las fricciones, las plataformas de pronósticos y apuestas internacionales como Polymarket le otorgaban en el cierre de la jornada una marcada ventaja de probabilidad de victoria a Abelardo de la Espriella (rondando el 83%). Sin embargo, desde el búnker de Iván Cepeda aseguraron contar con un ejército de testigos electorales y abogados listos para defender el voto a voto.
El Registrador Nacional, Hernán Penagos, anticipó que gracias a la progresividad del preconteo y la velocidad en la transmisión de actas, la tendencia definitiva del nuevo presidente de los colombianos se conocerá apenas un par de horas después del cierre de las urnas. El ganador asumirá formalmente el cargo el próximo 7 de agosto, iniciando una nueva era política que, de un modo u otro, reconfigurará el tablero geopolítico sudamericano








