En la audiencia número 26 del juicio por la muerte del astro futbolístico, el testigo Julio Coria modificó la declaración que en 2025 lo había llevado a prisión por falso testimonio. Detalles impactantes sobre las últimas horas del «Diez».
El juicio oral que investiga las responsabilidades médicas en la muerte de Diego Armando Maradona sumó este miércoles un capítulo de altísima tensión en los tribunales de San Isidro. Durante la audiencia número 26 del debate, el exmiembro de la custodia del «Diez», Julio Coria, volvió a sentarse en el banquillo de los testigos, dejando atrás la polémica versión que en el proceso nulo de 2025 le había valido el arresto inmediato por falso testimonio.
Rodeado por un llamativo y reforzado operativo de seguridad policial, el agente retirado del Servicio Penitenciario Federal respondió al interrogatorio del fiscal Patricio Ferrari. A diferencia de su declaración anterior —donde había negado rotundamente cualquier vínculo con el neurocirujano imputado, Leopoldo Luque—, esta vez Coria admitió haber mantenido contacto telefónico con el médico.
La contradicción previa quedó expuesta de forma definitiva cuando el abogado querellante, Fernando Burlando, exhibió chats privados del 26 de noviembre de 2020 (el día posterior al fallecimiento de Maradona). En dichos mensajes, el custodio trataba de «amigo» a Luque y le manifestaba: «Te aprecio un montón». Al ser acorralado por la evidencia, el testigo minimizó el tenor de las palabras alegando que era «lo que le salió en ese momento» y que la palabra «amigo» es un término que hoy en día «se dice por decir».
Días de abandono y una mañana de desesperación
Más allá de los chats, el aporte más valioso (y perjudicial para la defensa de los profesionales de la salud) radicó en la reconstrucción que hizo Coria sobre la agonía del astro en la vivienda de Tigre.
El testigo aseguró que, durante los últimos tres días de vida de Maradona, los médicos personales de Diego no pisaron la casa sino hasta la mañana del trágico desenlace, el 25 de noviembre. Reveló, además, que entre el 23 y el 24 de noviembre el exfutbolista no se levantó de la cama ni ingirió alimentos. «A (Agustina) Cosachov y a (Carlos) Díaz los vi solo el 25 en los últimos tres días», sentenció, comprometiendo severamente la posición de la psiquiatra y el psicólogo imputados.
Respecto al momento exacto en que se descubrió que Maradona no reaccionaba, Coria relató una escena dramática y caótica:
«Entré, Diego estaba en la cama, la enfermera empezó a hacerle masajes en el pecho y me pidió que hiciera respiración boca a boca. No sé cuánto tiempo fue. Para mí fue eterno».
Al ser consultado por la fiscalía sobre si alguno de los médicos presentes colaboró activamente en las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) mientras él asistía a la enfermera, el custodio fue contundente al señalar que no recordaba que lo hubieran hecho, sugiriendo una alarmante inacción de los profesionales en el cuarto.
Una jornada accidentada
La de hoy estaba planificada como una jornada de múltiples testimonios, pero diversos contratiempos limitaron la actividad en la sala de audiencias. Por un lado, de los tres custodios citados por la fiscalía, solo Coria se hizo presente, ya que con los otros dos no se logró establecer comunicación. Por el otro, una nueva y reiterada falla técnica en el sistema oficial de grabación de audio obligó a los jueces a dictar un cuarto intermedio justo en el instante en que el testigo detallaba los pormenores de la muerte. Asimismo, la ampliación de la indagatoria del psicólogo imputado Carlos Díaz debió postergarse por dificultades técnicas de su defensa para recopilar una serie de chats que planeaban exponer.
El proceso judicial, que entra en su recta final y prevé apenas unas diez audiencias más antes de los alegatos, avanza a paso firme desnudando las profundas falencias del entorno médico que debía proteger la vida del máximo ídolo popular argentino.







