Una publicación compartida en un grupo local de trekking encendió la controversia entre quienes exigen un impacto cero en la montaña y aquellos que justifican la presencia de residuos orgánicos por ser biodegradables. Especialistas recuerdan que todo desecho debe regresar con el visitante.
Un simple desecho orgánico se convirtió en el detonante de una intensa discusión sobre la conciencia ambiental y los hábitos de quienes practican actividades al aire libre en la provincia. La publicación realizada por un senderista llamado Carlos en el grupo de Facebook “Trekking y Montañismo en San Juan” expuso imágenes de cáscaras de banana, naranja y otros restos de frutas tirados al costado de las huellas en la zona de Tres Marías.

El posteo del deportista no tardó en viralizarse dentro de la comunidad sanjuanina tras señalar el impacto visual que sufren las sierras, especialmente en jornadas de gran afluencia turística. «Aunque muchas personas creen que por ser orgánicos estos residuos no contaminan, dejarlos en la montaña genera un impacto visual. La cáscara también vuelve con vos; cuidemos nuestros senderos», enfatizó el autor de las fotografías, pidiendo aplicar el principio de no dejar huellas.


Biodegradables vs. Conservación: las posturas encontradas
El reclamo abrió una brecha inmediata entre los usuarios de redes sociales. Por un lado, defensores de la conservación ambiental respaldaron la denuncia recordando que las frutas exóticas no pertenecen al ecosistema de la jarilla sanjuanina, que su descomposición en clima árido puede demorar semanas secándose o pudriéndose, y que además alteran la fauna nativa.
Por otro lado, numerosos comentaristas le restaron gravedad a la situación bajo el argumento de que el verdadero peligro radica en los plásticos y latas. «Es orgánico, maestro», «Sirve de compost y se seca en horas» o «El problema son las botellas, esto desaparece en semanas» fueron algunas de las respuestas que defendieron la presencia de los restos vegetales. Sin embargo, guías y especialistas en montañismo ratificaron que, independientemente del origen de los residuos, la regla de oro para la preservación de las montañas dicta que todo material transportado debe retornar en la mochila de quien lo llevó.







