Desde este mes, la tradicional institución educativa de la Capital aplicó un estricto protocolo de restricción de dispositivos móviles durante la jornada escolar. La medida, enmarcada en la «pedagogía del cuidado», contempla el retiro de equipos a quienes los usen sin permiso y autorizaciones previas para uso estrictamente pedagógico. Tras los primeros días de vigencia, las autoridades destacan que los alumnos volvieron a conversar y a divertirse con juegos de mesa en los descansos.
En medio de una creciente preocupación global por el impacto de las pantallas en el rendimiento académico y las relaciones personales de los adolescentes, el Colegio San Francisco de la Capital de San Juan implementó una medida drástica y transformadora: la restricción absoluta del uso de teléfonos celulares dentro del edificio escolar.
La iniciativa comenzó a regir formalmente el pasado lunes 3 de agosto en el nivel secundario y surgió a partir de una demanda compartida entre los equipos directivos y los propios padres al inicio del ciclo lectivo. «Iniciamos este proceso desde la pedagogía del cuidado para resguardar los vínculos, los espacios y los procesos de aprendizaje ante la proliferación de conflictos generados en redes sociales», explicó Leticia Monla, directora de la institución.
Cómo funciona el protocolo y el sorpresivo impacto positivo
El mecanismo de control es sumamente claro: al tomar asistencia por la mañana, los preceptores le piden a cada alumno que guarde su dispositivo apagado dentro de la mochila. En caso de que un estudiante lo saque sin autorización, el teléfono es retirado, guardado en una bolsa rotulada y depositado en una caja en la dirección. La única manera de recuperarlo es que sus padres acudan personalmente a la escuela a retirarlo. La norma solo contempla excepciones si un docente avisa previamente a las familias que requerirá el celular como herramienta de investigación o trabajo en la plataforma digital.

Los resultados no tardaron en manifestarse. Sobre una matrícula de 543 alumnos, la mayor cantidad de celulares retenidos en un día fue de apenas 12 unidades, demostrando un acatamiento altísimo por parte de los jóvenes. Más allá de los números, el cambio radical se percibe en la convivencia diaria: durante los recreos, las pantallas le dieron paso a las charlas cara a cara, el intercambio de figuritas, el tatetí y diversos juegos de mesa. Padres y docentes celebraron la iniciativa que busca devolver la presencia y la interacción humana a las aulas sanjuaninas.







