Un relevamiento de Poliarquía Consultores expuso que el 65% de los argentinos respalda el desarrollo de proyectos de cobre y litio, aunque el 70% desconoce los tiempos reales de la industria. El analista Ernesto Cussianovich advirtió en Radio Colón sobre el riesgo de frustración social si no se comunica con precisión la brecha entre las inversiones y la generación efectiva de empleo.
La percepción pública sobre la minería en Argentina experimentó una transformación profunda en los últimos años. Tras décadas de críticas y resistencias, la agenda vinculada a la transición energética y los minerales críticos posicionó al sector en un lugar de alta valoración social. No obstante, especialistas advierten que este clima favorable convive con un marcado desconocimiento sobre los ciclos productivos, lo que podría erosionar la licencia social si las comunidades no perciben beneficios inmediatos.
Licencia social como carné de conducir y el desafío del tiempo
Durante su participación en el programa Ecosistema Minero de Radio Colón, el director asociado de Poliarquía Consultores, Ernesto Cussianovich, analizó las cuatro dimensiones que hoy conviven en la actividad: la minería tradicional operativa, la de las megacorporaciones multinacionales, la de los proveedores pyme y la de los trabajadores. El consultor alertó que, mientras el 65% de la población apoya la actividad, persiste un 70% que ignora los plazos de maduración de los proyectos. «La minería no es el campo; no se siembra, se cosecha y se liquida anualmente. Explicamos mucho la cantidad de inversión y empleo, pero no el eje del tiempo. Si la gente espera resultados mágicos para mañana y el cobre entra en producción recién hacia 2030 o 2035, la expectativa se transforma en enojo», sentenció.
Asimismo, Cussianovich remarcó que provincias como San Juan y Catamarca ya evidenciaron una caída del 15% en la consideración de la minería como motor laboral inmediato debido a este desfasaje temporal. En ese sentido, comparó la licencia social con el registro de conducir: «Hay que renovarla periódicamente; no dura para siempre y las exigencias de la sociedad son cada vez más altas. Las empresas y el Estado deben gestionar las expectativas de manera transparente para que el respaldo social no se diluya frente a la lentitud de los procesos industriales», concluyó.








