Una severa emergencia epidemiológica sacude a la República Democrática del Congo (RDC). Las autoridades sanitarias oficiales confirmaron que la epidemia de ébola declarada a mediados de mayo alcanzó una escala crítica tras extenderse a una octava provincia del territorio nacional, con un saldo devastador que ya supera los 4.500 fallecidos y contabiliza más de 9.400 contagios confirmados en todo el país.
El nuevo foco fue detectado por el Instituto Nacional de Investigación Biomédica en la provincia de Ubangi del Norte, en el extremo noroeste del país, donde se constataron dos casos positivos, uno de ellos con desenlace fatal. La llegada del virus a esta zona encendió de inmediato las alarmas de los organismos internacionales por tratarse de un área fronteriza directa con la República Centroafricana, caracterizada por un intenso y constante tránsito de personas que dificulta los cercos de contención sanitaria.
Ocho regiones afectadas, contagios transfronterizos y sin vacuna específica
Con la incorporación de Ubangi del Norte, la enfermedad afecta ya a ocho territorios provinciales: Kivu del Norte, Ituri, Alto Uele, Tshopo, Kivu del Sur, Bajo Uele, Ubangi del Sur y Ubangi del Norte. El epicentro del brote continúa focalizado en el este congoleño —especialmente en Ituri, que concentra más del 70% de los casos totales—, con un ritmo de propagación que en las últimas 24 horas sumó 67 nuevos contagios y 26 muertes. La dimensión del fenómeno ya traspasó fronteras, registrándose cuadros importados en Uganda y Kenia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la gravedad del cuadro radica en que el brote está provocado por la variante de Bundibugyo. A diferencia de otras cepas tradicionales de ébola, para esta variante no se cuenta en la actualidad con vacunas ni tratamientos terapéuticos específicos formalmente autorizados. La combinación de esta limitación farmacológica con la precariedad de la infraestructura hospitalaria local, los desplazamientos masivos de refugiados y los focos de conflicto armado en la región convirtieron a este episodio en el brote más letal jamás registrado en la República Democrática del Congo, llevando a la OMS a exigir a los países limítrofes un endurecimiento estricto de los controles epidemiológicos.








