La confrontación geopolítica entre las superpotencias mundiales trasladó sus tensiones de forma directa al espacio exterior. En un episodio calificado por especialistas en tráfico orbital como una maniobra de agresividad inédita, el satélite militar ruso Kosmos-2612 persiguió y acosó durante varias jornadas al satélite Iceye-X36, un artefacto comercial de propiedad estadounidense que suministra imágenes de radar de alta resolución a las fuerzas armadas de Ucrania en el conflicto bélico contra Moscú. El hostigamiento se produjo a 540 kilómetros de altura, llegando a registrarse una aproximación crítica a menos de cinco kilómetros de distancia el pasado 16 de octubre, poniendo en riesgo la integridad física de la sonda norteamericana.
De acuerdo con un análisis técnico divulgado por la firma de monitoreo espacial LeoLabs, la nave rusa ejecutó una serie de maniobras deliberadas y controladas entre el 15 y el 19 de octubre, alternando de manera continua posiciones delante y detrás del Iceye-X36. El astrofísico Jonathan McDowell remarcó que se trata del primer encuentro conocido en órbita terrestre baja entre dos satélites activos sin el consentimiento de uno de sus operadores. Por su parte, el jefe del Comando Espacial Alemán, Michael Traut, advirtió que este tipo de persecuciones no solo implican riesgo de colisión o sabotaje electrónico, sino que obligan a las sondas civiles a gastar combustible para recalibrar órbitas, acortando sensiblemente su vida útil.

Militarización del cosmos y armas en órbita El incidente ocurre apenas semanas después de que Estados Unidos admitiera por primera vez que ya cuenta con armas activas de «control espacial» desplegadas en órbita, según declaraciones formuladas por el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink. El avance de sistemas antisatélite —tanto cinéticos mediante impactos directos como no cinéticos a través de guerra electrónica o ciberataques— reaviva los temores sobre la generación masiva de basura espacial incontrolable. El escenario exhibe además un vacío en el derecho internacional, dado que el histórico Tratado del Espacio Exterior de 1967 únicamente prohíbe el emplazamiento de armas de destrucción masiva, dejando abiertas las puertas a la proliferación de armamento convencional en la órbita terrestre.
Fuente: El País








