En una velada cargada de mística y exigencia copera, Boca Juniors visitará este martes 20 de octubre desde las 21:30 a Vasco da Gama en el mítico Estadio Maracaná de Río de Janeiro, por la revancha de las semifinales de la Copa Sudamericana. El choque, arbitrado por el venezolano Jesús Valenzuela y transmitido a través de ESPN, Disney+ Premium y DSports, definirá al primer gran finalista del certamen continental, instancia a la que el conjunto de la Ribera busca regresar tras 21 años de ausencia (su última final data de 2005).
La misión para el equipo comandado tácticamente por Rodolfo Arruabarrena será revertir la caída 1-0 sufrida en el duelo de ida en La Bombonera, donde el tanto de Adson a los 24 minutos le propinó un duro golpe al elenco argentino. El panorama reglamentario es concreto: Boca necesita imponerse al menos por un gol de diferencia para forzar la tanda de penales, o ganar por dos o más tantos para clasificar de manera directa. El desafío tendrá además el peso de quebrar una racha esquiva en territorio brasileño, donde el Xeneize no gana en los 90 minutos reglamentarios desde diciembre de 2020 (frente a Inter en Porto Alegre), aunque arriba con el reciente antecedente de haber festejado su pase en los penales ante San Pablo en el Morumbí durante los cuartos de final.
El enigma de Paredes y el marco imponente en Río
La principal atención en el campamento auriazul pasa por la evolución física de su capitán y referente, Leandro Paredes, quien acelera su puesta a punto tras sufrir un desgarro en el isquiotibial derecho y viajará junto a la delegación decidido a jugar, restando definir si estará desde el arranque o como opción en el banco de suplentes. En ofensiva, Miguel Merentiel se perfila para retornar a la titularidad en lugar de Enner Valencia, mientras que Alan Velasco disputa un lugar en el ataque con Sebastián Villa, acompañando al encumbrado juvenil Leonel Flores. Enfrente, el Vasco de Pedro Emanuel —que reservó titulares y cayó el fin de semana ante San Pablo por el Brasileirao— contará con el aliento de más de 70.000 torcedores propios frente a unos 4.000 hinchas de Boca, en un Maracaná habilitado judicialmente tras la negativa inicial del consorcio administrador.








