Apenas 48 horas después de hacer historia al imponerse en el balotaje frente a Flávio Bolsonaro y conquistar su cuarto mandato presidencial al frente del Palacio del Planalto con el 51,79% de los votos, Luiz Inácio Lula da Silva celebra este 27 de octubre sus 81 años de vida. El mandatario brasileño consolida así una marca inédita para las democracias contemporáneas, ubicándose en el reducido podio de los jefes de Estado octogenarios electos por la voluntad popular y transformando su periplo vital —marcado por la pobreza extrema, la amputación de un dedo en una fábrica, la persecución de la dictadura militar, la viudez y 580 días en prisión— en un testimonio viviente de persistencia que desafía el fenómeno social del edadismo.

Nacido en 1945 en el seno de una familia rural analfabeta de Pernambuco, Lula migró desde pequeño a los cinturones fabriles de San Pablo y debió abandonar la escuela a los 14 años para trabajar en la industria metalúrgica, donde a los 17 sufrió la pérdida de su dedo meñique en una prensa mecánica. Ese origen obrero, que sus adversarios intentaron estigmatizar durante el último debate presidencial tratándolo peyorativamente de «nueve dedos», terminó siendo revalorizado por el propio dirigente como estandarte de dignidad del mundo del trabajo. Tras consolidar el liderazgo del Partido de los Trabajadores (PT) y gobernar entre 2003 y 2011 sacando a millones de la pobreza con programas emblemáticos como Hambre Cero y Bolsa Familia, el líder debió afrontar en 2017 la muerte de su esposa Marisa Leticia y su encarcelamiento en la causa Lava Jato, proceso finalmente anulado por la Corte Suprema brasileña al constatar la parcialidad del juez Sérgio Moro.
La «ventaja silver» y el desafío tecnológico en el gigante sudamericano Especialistas en gerontología y analistas internacionales destacan que su reciente victoria electoral redefine la mirada sobre la longevidad en los altos mandos globales. Frente a las críticas que lo tildaban de «viejo», Lula respondió exhibiendo su rutina física tras superar un tratamiento por cáncer de piel y sumando a su plataforma la necesidad de desarrollar una Inteligencia Artificial propia para Brasil. En esta nueva etapa, el experimentado líder deberá apelar a su histórica capacidad de concertación y construcción de consensos para gobernar con un Congreso fragmentado y gobernaciones dominadas por la oposición, ratificando a Brasil como la octava economía del planeta y eje estratégico indiscutido del Cono Sur.








