La tregua pende de un hilo. Un misil balístico lanzado por la Guardia Revolucionaria impactó en la base Ali Al Salem, provocando lesiones a personal militar y contratistas de EE. UU., además de destruir drones de combate valuados en 60 millones de dólares. El ataque ocurre en paralelo al fracaso de las negociaciones de paz en la Casa Blanca, donde Donald Trump mantiene una postura inflexible frente a Teherán.
Las hostilidades entre Washington y Teherán alcanzaron un nuevo punto de máxima tensión en las últimas 24 horas. Lo que inicialmente se manejaba como una frágil tregua humanitaria bajo la denominación militar de Operation Epic Fury (Operación Furia Épica) se vio severamente vulnerada tras un ataque directo con un misil balístico iraní contra la base aérea Ali Al Salem, ubicada en territorio de Kuwait, uno de los aliados estratégicos más importantes de la Casa Blanca en el Golfo Pérsico.
El incidente, catalogado de inmediato por el Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) como una «violación flagrante y atroz del alto al fuego», dejó un saldo de al menos cinco ciudadanos estadounidenses con heridas leves —entre los que se cuenta tanto a personal militar en activo como a contratistas privados— y millonarios daños en equipamiento tecnológico de última generación.
Millonarias pérdidas en drones y fallas de intercepción
Según fuentes con conocimiento directo del hecho citadas por agencias internacionales, el ataque fue ejecutado mediante el lanzamiento de un misil balístico de corto alcance Fateh-110. Si bien las baterías de defensa aérea de Kuwait lograron interceptar el proyectil en el aire, la lluvia de restos y metralla pesada cayó directamente sobre los hangares e instalaciones de la base Ali Al Salem.
El impacto de los escombros causó un verdadero desastre material para la flota aérea no tripulada de los Estados Unidos:
Un drone MQ-9 Reaper quedó completamente destruido tras ser alcanzado de forma directa por los fragmentos ardientes.
Un segundo drone MQ-9 Reaper sufrió daños estructurales graves y quedó fuera de servicio operacional.
El costo de la fricción: Cada una de estas aeronaves de ataque y reconocimiento tiene un valor de mercado aproximado de 30 millones de dólares, lo que eleva las pérdidas materiales de este único incidente a más de 60 millones de dólares. La Fuerza Aérea norteamericana ya encendió las alarmas debido al rápido desgaste de su flota de Reapers en este teatro de operaciones.
La Guardia Revolucionaria iraní atacó una base de Estados Unidos en Medio Oriente tras los bombardeos de Washington en el sur del país.
Represalia en Bandar Abbas y la guerra de comunicados
La Guardia Revolucionaria de Irán asumió rápidamente la autoría intelectual del bombardeo, justificándolo a través de la emisora estatal IRIB como un acto de legítima defensa. De acuerdo con el régimen de Teherán, la base Ali Al Salem fue el punto de origen desde donde despegaron los aviones estadounidenses que, horas antes, habían bombardeado una estación de control terrestre iraní en las inmediaciones del aeropuerto internacional de Bandar Abbas.
Por su parte, el Pentágono defendió sus incursiones previas en la zona del Estrecho de Ormuz calificándolas como operaciones «estrictamente defensivas y medidas», diseñadas para neutralizar drones suicidas iraníes que representaban una amenaza inminente para la libre navegación del comercio marítimo internacional.
Fracaso en la Sala de Situaciones de la Casa Blanca
El ataque militar coincidió de forma milimétrica con el colapso de los esfuerzos diplomáticos en Washington. Una cumbre de emergencia de más de dos horas en la mítica Sala de Situaciones (Situation Room) de la Casa Blanca concluyó de manera abrupta y sin ningún tipo de anuncio oficial, frustrando las expectativas que el propio presidente Donald Trump había alimentado en sus redes sociales sobre una inminente prórroga de la tregua por 60 días.
La falta de consenso responde a las estrictas líneas rojas fijadas por la administración Trump, las cuales el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el vicepresidente, JD Vance, ratificaron ante la prensa como condiciones innegociables para levantar las sanciones económicas a Irán:
Desmantelamiento nuclear permanente: Exigencia estricta de que Irán congele todo su desarrollo atómico y entregue la totalidad de sus reservas de uranio altamente enriquecido.
Apertura total de Ormuz: Reapertura inmediata y libre de peajes o aranceles del Estrecho de Ormuz para el tráfico naviero mundial.
Fin del régimen de control marítimo: Rechazo absoluto al sistema de peajes y cuotas que Irán pretende imponer a las embarcaciones vinculadas al bloque de comercio occidental.
La postura del gobierno de Teherán se mantiene inflexible. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, advirtió a los negociadores que su país «no tiene ninguna confianza en las promesas de Washington» y que no realizarán ninguna concesión hasta que Estados Unidos retire sus fuerzas de la región. Con las negociaciones estancadas y la tregua rota en los hechos, el conflicto en el Golfo Pérsico entra en su cuarto mes con pronóstico reservado.
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