El jefe negociador iraní advirtió que su país no cederá ante las promesas de Estados Unidos si no hay un levantamiento de sanciones. En respuesta, Donald Trump avisó que no tiene apuro y amenazó con reactivar los ataques militares.
La cuerda de la diplomacia internacional volvió a tensarse al máximo. En un giro que complica las mesas de diálogo, el gobierno de Irán endureció drásticamente su posición y anunció que no firmará ningún tratado de paz con Estados Unidos si no recibe certezas absolutas y jurídicas de que se respetarán los derechos de su población.
El encargado de patear el tablero fue Mohamad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní y jefe del equipo negociador. Durante una sesión legislativa, el funcionario dejó en claro la profunda desconfianza que reina en su nación hacia el gobierno estadounidense, al asegurar que los soldados del frente diplomático no tienen ninguna confianza en las palabras ni en las promesas del enemigo, y que lo único que cuenta para Irán son los resultados tangibles.
La estrategia de la República Islámica busca hacer valer sus recientes avances militares sobre el terreno para cambiarlos por beneficios políticos concretos. Aunque no se difundió la letra chica de las exigencias que el gobierno iraní considera irrenunciables, el núcleo del reclamo frente a las autoridades estadounidenses se centra en el levantamiento inmediato del bloqueo económico, el descongelamiento de fondos millonarios retenidos en bancos extranjeros y el aval definitivo para mantener su programa de enriquecimiento de uranio con fines pacíficos.
La táctica del desgaste de la Casa Blanca
La respuesta desde Washington no se hizo esperar, pero llegó con un tono de calculada frialdad. El presidente norteamericano, Donald Trump, bajó la ansiedad de los mercados al asegurar que Estados Unidos no tiene ninguna prisa por cerrar un trato. En una entrevista con la cadena Fox News, el mandatario argumentó que estos procesos llevan mucho tiempo y que actuar con apuro impide conseguir un buen trato.
Sin embargo, detrás de la aparente paciencia, Trump metió presión sobre el territorio iraní al advertir que ya tiene en carpeta la orden para nuevos bombardeos en caso de que la vía diplomática colapse. Con las cartas sobre la mesa, el panorama queda bajo una tensa calma: los canales de comunicación siguen abiertos, pero la distancia entre las promesas de Estados Unidos y las exigencias de Irán parece hoy más grande que nunca.







