Eluney, la empleada del comercio del barrio Islas Malvinas que protagonizó la pelea viral, rompió el silencio a través de un video en Instagram. Admitió que se equivocó al reaccionar a los golpes, pero negó rotundamente haber maltratado a una menor con discapacidad o haber atacado a la clienta entre dos personas. A raíz del escándalo y la posterior difusión de las imágenes en los grupos vecinales, la joven perdió su puesto de trabajo.
La versión de la empleada: «No había necesidad de venir a tirar cosas»
El violento episodio, registrado en un local de la calle Abraham al 1500, escaló rápidamente en las plataformas digitales tras viralizarse las imágenes de la agresión física. Ante las graves acusaciones que circularon en las redes, Eluney utilizó su cuenta personal para dar su versión de los hechos y desmentir el relato de la contraparte, encabezado por la clienta Luli Soria.
«Jamás traté mal a la hermana de la chica», enfatizó la excomerciante, haciendo referencia a la compra inicial que desató el conflicto. La joven aclaró que atiende a un volumen alto de clientes por día y que en ningún momento supo que la menor padecía una discapacidad. Para respaldar sus dichos, instaló un interrogante clave sobre la secuencia de la compra original: “Si la traté mal, ¿por qué no me dijo nada el padre de la nena que estaba comprando con ella, que es el señor de pulóver gris?”.
Respecto al estallido de la violencia dentro del salón, la cajera cuestionó la metodología del reclamo de Soria, quien ingresó de forma agresiva y le arrojó un paquete de papas fritas directo al rostro:
«Yo reconozco que me equivoqué. Pero a nadie le va a gustar que le tiren con cosas en la cara. Como fue con una bolsa de papas, podría haber sido algo peor. No había necesidad de venir con la bolsa de papas; Soria podría haber venido con la hermanita a aclarar las cosas de buena manera. Si trabajás en atención al público, podrías ser un poquito más empática».
Despido, internas con el dueño y falsos testimonios
El impacto del altercado físico —que incluyó tirones de pelo, forcejeos prolongados, la caída de la balanza comercial al piso y la intervención de tres clientes para lograr separar a las mujeres— golpeó de lleno en la estabilidad laboral de la cajera. Eluney confirmó públicamente que fue despedida de su empleo debido a que su jefe consideró que su proceder estuvo mal y la responsabilizó, de forma errónea, por filtrar el material de las cámaras de seguridad.
La trabajadora rechazó de cuajo esa acusación patronal, asegurando que los propios familiares de la clienta fueron quienes viralizaron el archivo en múltiples grupos de compra y venta barriales. Esta declaración se acopla a los dichos de José, el propietario del almacén (un comerciante de origen boliviano establecido en el barrio junto a su esposa Gladys hace un año), quien en diálogo con LM Neuquén se mostró sumamente molesto por la filtración. El dueño aclaró que ya había sellado un acuerdo pacífico de palabra con los padres de la menor antes de que el video tomara estado público y anticipó que radicará una denuncia policial por la exposición de rostros de menores de edad en las redes.
Hacia el cierre de su descargo, Eluney apuntó contra las graves difamaciones que acompañaron las publicaciones vecinales, ligadas a presuntos delitos de mayor gravedad dentro del establecimiento: «Tengo una imagen donde la chica está relatando un testimonio falso, cosa que se puede ver en los videos; jamás les pegamos entre dos personas y no vendemos droga».
Las pruebas de las cámaras de seguridad
La aparición de un segundo registro fílmico de las cámaras del local aportó claridad técnica sobre los momentos previos a la pelea. En esa nueva grabación, se observa con nitidez la primera transacción comercial: una de las hermanas de Soria ingresa al comercio y solicita formalmente «3 mil pesos en papitas». La empleada atiende el pedido con gestos de seriedad y cumple con el expendio de forma regular, sin que se visualicen agresiones corporales, insultos ni ademanes de maltrato hacia la menor.
Hasta el momento, y a pesar de la fuerte repercusión pública y el debate mediático que generó el caso en la provincia de Neuquén, ninguna de las partes involucradas formalizó una denuncia penal ante las comisarías de la zona, confirmándose asimismo que ninguna de las protagonistas requirió asistencia médica por heridas de consideración.







