El Director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, abandonó su cargo este martes asegurando que la guerra contra Irán se inició bajo «mentiras» y presiones externas. Según el exfuncionario, el país persa no representaba una amenaza inminente para los Estados Unidos.
En lo que representa el golpe político más duro para la administración de Donald Trump desde el inicio de la ofensiva el pasado 28 de febrero, Joe Kent presentó su renuncia indeclinable. Kent, quien hasta hoy era el máximo responsable de analizar las amenazas terroristas contra EE. UU., rompió el silencio con una carta que ya recorre el mundo.
«Una cámara de eco y mentiras»
En su misiva, publicada originalmente en la red social X y replicada por las principales agencias, Kent fue lapidario: “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán. Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación”.
El exfuncionario fue más allá y apuntó directamente contra la influencia extranjera en las decisiones de la Casa Blanca, afirmando que el país fue «arrastrado a la guerra por la presión de Israel y su poderoso lobby». Kent comparó la situación actual con la antesala de la guerra de Irak, calificando los informes de inteligencia utilizados como una «campaña de desinformación».
La respuesta de Trump
Fiel a su estilo, el presidente Donald Trump no tardó en reaccionar. Desde el Salón Oval, minimizó la salida de Kent calificándolo como «alguien débil en materia de seguridad» y reafirmó que su salida es «algo bueno» para el equipo. Trump sostiene que Irán es una «amenaza tremenda», contradiciendo directamente a quien fuera su propio jefe de inteligencia antiterrorista.
Contexto de guerra
Esta renuncia ocurre en un momento crítico:
• 18 días de conflicto: Los ataques entre EE. UU., Israel e Irán han causado una destrucción generalizada.
• Bajas sensibles: Recientemente se confirmó la muerte de Ali Larijani, una figura clave del régimen iraní, en un ataque que ha escalado las tensiones al máximo.
• Impacto global: El estrecho de Ormuz se encuentra en una situación de inseguridad total, afectando el comercio y los precios del petróleo a nivel mundial.







