La causa judicial que mantiene en la mira a Jésica Cirio sumó un capítulo polémico que va mucho más allá de su vínculo con Insaurralde. El foco está puesto en quién fue el verdadero pagador de su departamento en Las Cañitas, una propiedad que, según trascendió, habría sido un obsequio de un poderoso empresario multimillonario mucho antes de que ella formalizara con el exfuncionario.
Lo que incomoda a la Justicia y a los investigadores de la PROCELAC es la falta de coherencia entre los ingresos declarados por la modelo y su nivel de vida.
Los puntos clave que complican el expediente:
- El origen de los fondos: Mientras los registros apuntan a una compra de US$ 385.000 en 2015, la sospecha apunta a un megaempresario con influencia en medios que habría operado como testaferro o facilitador de la compra.
- La estructura de sociedades: La Justicia está diseccionando las cuentas de sus empresas (Goruka S.A., JCI Group S.R.L. y You S.A.), donde se detectaron operaciones cambiarias por casi US$ 2 millones que no terminarían de cerrar con sus actividades profesionales.
- Transferencias internacionales: El análisis también puso bajo la lupa un movimiento de US$ 693.000 enviado desde la sede de Zumba Fitness en Miami, lo que obligó a los peritos a verificar si esa cifra responde a ingresos reales o a una maniobra para ingresar dinero al país.
- El contexto del allanamiento: El hecho de haber encontrado dólares en efectivo y cocaína en la propiedad durante el procedimiento judicial no hace más que alimentar el escándalo, aunque el núcleo duro del expediente sigue siendo la posible red de lavado de activos.
La Justicia busca determinar si el patrimonio de Cirio es fruto de su trabajo o si, por el contrario, actuó como pantalla para capitales de terceros, incluyendo a ese empresario que sigue siendo la pieza faltante para entender cómo llegó a esa propiedad.







