Tras el reciente anuncio de Hamas sobre la disolución de su estructura gubernamental en la Franja de Gaza, la Junta de Paz establecida por el gobierno de Estados Unidos ha emitido un mensaje contundente, advirtiendo que evaluará esta transición administrativa «por acciones y no por promesas». En este contexto, el organismo estadounidense ha exigido al nuevo Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG) que asuma la responsabilidad de tomar el control de todas las armas presentes en el territorio, bajo el principio fundamental de garantizar «una sola autoridad, una sola ley y una sola arma».
El objetivo central de la Junta de Paz, presidida por Donald Trump, es establecer un mecanismo estricto para canalizar y auditar los fondos internacionales destinados a la reconstrucción, condicionando la entrega de estos recursos económicos a la instauración de un orden civil transparente que se mantenga totalmente desvinculado de las milicias. Para liderar este proceso, se ha designado al NCAG, un órgano tecnócrata encabezado por el ingeniero Ali Shaath y compuesto por especialistas en infraestructura, salud y finanzas, cuya estructura busca actuar como un interlocutor independiente, alejado de los partidos tradicionales.
No obstante, la situación en el terreno sigue siendo compleja. Aunque Hamas afirma que su decisión de disolver el gobierno busca facilitar la transición civil, gran parte de la comunidad internacional y diversos analistas ven este movimiento como un gesto principalmente «simbólico», dado que la organización islamista aún mantiene su rechazo a un desarme inmediato. Esta falta de consenso sobre el control armamentístico mantiene estancado el proceso de paz, y a pesar de la tregua vigente desde octubre de 2025, la situación humanitaria y de seguridad continúa siendo crítica mientras se espera el retiro progresivo de las tropas israelíes.







