La relación entre Washington y Teherán alcanzó un punto de quiebre absoluto. El presidente Donald Trump dio por finalizado el alto el fuego y adelantó que ya no mantendrá más conversaciones con el gobierno iraní, al cual calificó duramente de “cruel y violento”.
El mandatario estadounidense, desde Ankara, fue contundente al expresar que negociar con los funcionarios de Irán es una “pérdida de tiempo”. Según denunció, existe un patrón de deshonestidad por parte de la delegación iraní, que suele pactar condiciones sobre armamento nuclear en la privacidad de las reuniones para luego desmentirlas públicamente frente a los medios.
Este endurecimiento de la postura estadounidense llega luego de 48 horas de extrema violencia: el conflicto escaló este martes cuando Estados Unidos bombardeó 80 objetivos estratégicos en Irán. La respuesta no tardó en llegar: la Guardia Revolucionaria Islámica ejecutó una ofensiva contra 85 instalaciones militares norteamericanas ubicadas en Bahréin y Kuwait, dejando el panorama geopolítico en una situación de incertidumbre crítica.







