Luego de superar con éxito la fase de lanzamiento desde Cabo Cañaveral, la cápsula Orion y sus cuatro tripulantes inician una travesía de diez días que redefinirá la exploración espacial humana. Pruebas críticas de soporte vital y un sobrevuelo por la cara oculta del satélite marcan la hoja de ruta de la NASA.
El rugido del cohete SLS (Space Launch System) en la plataforma 39B no solo marcó el inicio de la misión Artemis II, sino que puso fin a más de medio siglo de ausencia humana en las cercanías de nuestro satélite natural. Con el despegue completado con éxito este 1 de abril, la atención del mundo se traslada ahora a las complejas maniobras orbitales y técnicas que determinarán el triunfo de esta demostración tecnológica.
Las primeras horas: Validación en la «puerta de casa»
Tras la separación de las etapas del cohete, la prioridad inmediata para los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen ha sido la verificación exhaustiva de los sistemas de la nave Orion. Antes de emprender el viaje definitivo hacia la Luna, la cápsula debe completar órbitas terrestres de perigeo elevado. Esta fase es crucial: los tripulantes están probando manualmente las capacidades de proximidad y control de la nave, simulando maniobras que serán vitales en futuras misiones de acoplamiento.
Rumbo al espacio profundo
Una vez certificados los sistemas de soporte vital y propulsión, se ejecutará la maniobra de inyección translunar. Este impulso sacará a la Orion de la órbita terrestre para situarla en una trayectoria de «retorno libre». Durante los próximos cuatro días, la tripulación atravesará los cinturones de radiación de Van Allen, poniendo a prueba los nuevos blindajes y protocolos de protección biológica diseñados para viajes de larga duración.
El hito de la cara oculta
El punto culminante de la misión ocurrirá alrededor del sexto día, cuando la nave alcance la zona de influencia lunar. Los astronautas realizarán un sobrevuelo a unos 7.500 kilómetros de la superficie, pasando por la cara oculta de la Luna. En ese momento, la humanidad establecerá un nuevo récord de distancia respecto a la Tierra, superando los 400.000 kilómetros. Sin entrar en órbita lunar ni descender, la gravedad del satélite actuará como una «honda» natural para impulsar el regreso a casa.
El regreso: un reingreso de fuego
La misión concluirá aproximadamente el 11 de abril. El desafío final será la reentrada atmosférica a casi 40.000 km/h. El escudo térmico de la Orion deberá soportar temperaturas extremas de 2.800 °C antes de desplegar sus paracaídas para un amerizaje de precisión en el Océano Pacífico, frente a las costas de California.
Artemis II no es solo un viaje de ida y vuelta; es el examen final para el programa que busca establecer una base permanente en la Luna y, eventualmente, proyectar la presencia humana hacia Marte. El éxito de estos diez días abrirá, definitivamente, la puerta para que la próxima misión vuelva a dejar huellas humanas sobre el polvo lunar.







