El epicentro se localizó en el mar de las Molucas, afectando gravemente a las provincias de Célebes Septentrional y Maluku. Las autoridades confirmaron un fallecimiento y daños estructurales, mientras el Pacífico permaneció bajo vigilancia por oleaje peligroso.
Un poderoso movimiento telúrico de magnitud 7.4 en la escala de Richter despertó el pánico en la región oriental de Indonesia durante las primeras horas de este jueves. El sismo, cuyo epicentro fue detectado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) a unos 35 kilómetros de profundidad en el mar de las Molucas, generó una inmediata alerta de tsunami que mantuvo en vilo a las poblaciones costeras de Indonesia, Filipinas y Malasia.
La sacudida, que se extendió por casi veinte segundos, provocó escenas de caos en ciudades como Ternate y Bitung. Los residentes, aún en sus viviendas, evacuaron de urgencia hacia zonas elevadas ante el temor de una réplica del devastador escenario de 2004. En Manado, capital de Célebes Septentrional, el pánico se tradujo en tragedia: las autoridades locales confirmaron el fallecimiento de una mujer de 70 años tras el colapso parcial de un edificio de la autoridad deportiva local.
El impacto del mar
Minutos después del temblor principal, los sistemas de monitoreo registraron variaciones en el nivel del mar. Se reportaron olas de tsunami de hasta 0,75 metros en localidades como Minahasa del Norte. Si bien la alerta fue levantada horas más tarde por la Agencia de Meteorología de Indonesia (BMKG), el organismo instó a la población a permanecer vigilante debido a la sucesión de más de 50 réplicas, algunas de las cuales alcanzaron una magnitud de 5.8.
Un territorio vulnerable
Ubicada sobre el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, Indonesia es una de las naciones con mayor actividad sísmica del planeta. Aunque el USGS indicó que en el último medio siglo se han producido sismos de magnitud superior a 7 en la zona sin causar daños catastróficos, la poca profundidad de este evento y su cercanía a centros urbanos han puesto a prueba, una vez más, los sistemas de emergencia y la capacidad de respuesta de la región.
Por el momento, los equipos de rescate continúan evaluando los daños materiales en las zonas más aisladas, mientras la ayuda humanitaria comienza a movilizarse hacia los puntos donde el impacto estructural fue más severo.







