La audiencia de formalización de la investigación penal contra Carlos Gonzalo Riveros (25) sumó este miércoles una revelación que profundizó el horror y el dolor en torno al caso: el Ministerio Público Fiscal confirmó que Camila Agustina Vecchiarello (26), la joven rosarina y aspirante a Gendarmería Nacional asesinada el pasado fin de semana en Calingasta, cursaba un embarazo al momento del brutal ataque. El imputado, oriundo de Tartagal, Salta, escuchó en silencio la acusación formal en los tribunales sanjuaninos, donde se reconstruyó la mecánica criminal desplegada en el departamento del consorcio de calle Cordillera Ansilta 48, en Barreal.
De acuerdo con la acusación expuesta ante el juez, la pareja regresó al inmueble cerca de la medianoche del domingo 13 de septiembre. Alrededor de la 1:00 de la madrugada, Riveros interceptó a su esposa en el pasillo que conduce a los dormitorios: primero le propinó trompadas en el rostro, luego tomó un cuchillo tipo Tramontina con el que le asestó múltiples estocadas en la cara y en las manos —las pericias detectaron al menos nueve lesiones que evidencian maniobras desesperadas de defensa por parte de la víctima— y, finalmente, utilizó un segundo cuchillo de mayor filo para aplicarle dos puñaladas profundas en ambos costados del cuello, provocando un shock hipovolémico fatal por desangramiento.
Tras cometer el femicidio, el acusado se lavó las manos y redactó de puño y letra una carta de despedida pidiendo disculpas a ambas familias: «Ya sé que es tarde para pedir disculpas, pero lo siento por todo. Me despido con el alma destrozada. Me ganó la depresión, la locura de hacer algo que va a lastimar a muchas personas, en especial a mi familia y a la de Camila», escribió textualmente sobre un papel.
El cuerpo sin vida de la joven permaneció dentro del domicilio durante casi doce horas mientras Rivero continuaba en el lugar. Recién a las 11:30 de la mañana llamó a su expareja en Salta para anunciarle que pensaba quitarse la vida, lo que derivó en el aviso a un camarada de la fuerza, César Ángel Rebollero. Al llegar al lugar junto al dueño del complejo, descubrieron un cuadro dantesco: Camila yacía en el piso de una habitación cubierta con una manta y sobre ella se encontraba Riveros con cortes superficiales en las muñecas, en una maniobra que los pesquisas sospechan fue un intento fallido o simulado de suicidio antes de ser asistido y quedar formalmente detenido.







