La investigación penal por el brutal femicidio de Camila Agustina Vecchiarello en la localidad de Barreal, departamento Calingasta, incorporó elementos probatorios concluyentes que terminaron de pulverizar la coartada defensiva de Carlos Gonzalo Riveros. La autopsia forense y los exámenes de laboratorio no solo ratificaron la violencia extrema del ataque, sino que además confirmaron formalmente que la joven aspirante a gendarme cursaba un embarazo al momento de ser asesinada a puñaladas.
Frente a la versión esgrimida por el imputado salteño —quien adujo ante los investigadores que la víctima se había provocado las lesiones a sí misma para impedir un presunto viaje suyo a Salta—, el informe tanatológico determinó que la causa de muerte fue un shock hipovolémico provocado por el seccionamiento de la vena jugular y del cartílago tiroides, mediante heridas de arma blanca ejecutadas en vida. Asimismo, los peritos forenses constataron múltiples cortes defensivos en las manos y los brazos de Camila, prueba irrefutable de la desesperada lucha que libró para salvar su integridad. Los análisis toxicológicos descartaron de plano la presencia de estupefacientes en la sangre de la víctima, al tiempo que las pruebas bioquímicas de Subunidad Beta acreditaron fehacientemente su estado de gravidez.
En paralelo, se incorporó formalmente a la causa un revelador mensaje de texto que Riveros envió a su expareja instantes previos a quedar aprehendido por la Policía. En dicho escrito, con tono de despedida y admisión implícita de sus actos, el sospechoso manifestó: «Hola mujer como estás me despido de vos de verdad fuiste y serás la mujer que siempre amé te me cuidas y que cumplas todas tus metas te voy a a estar cuidando des del cielo si voy a ser esa estrella que te va a cuidar siempre esta vez no pude mujer me ganó la depresión me ganó todo no pude y a mi familia dile que la amo con toda mi alma no me puedo despedir de ellos por qué me parte el alma lo que voy hacer dile por favor que los amo un montón a todas mi familia». Con el peritaje a los teléfonos celulares secuestrados y el cotejo caligráfico de un manuscrito hallado en la vivienda, la acusación por homicidio doblemente agravado encamina la causa directamente hacia una condena de prisión perpetua.







