Un escalofriante parricidio cometido en el barrio porteño de Palermo sumó un capítulo determinante con la extradición y detención de Lucas Martín Grinstein, acusado de haber asesinado a su padre, Daniel Grinstein, tras arrojarle una sustancia química corrosiva sobre la cabeza. La víctima agonizó durante casi un mes con quemaduras graves que cubrieron cerca del 80% de su superficie corporal hasta fallecer en el Sanatorio Agote.
La reconstrucción que encabeza la Fiscalía N°14 determinó que el ataque ocurrió en la madrugada en el departamento del imputado, ubicado sobre calle Austria al 1900. Cerca de las 3:00, el hombre logró llegar por sus propios medios a la guardia del Hospital Rivadavia con la ropa empapada en un líquido altamente reactivo, al punto de carcomer los guantes de látex y provocar ardor en los ojos del personal de salud que lo asistió en urgencias. Mientras el cuadro derivaba en una falla multiorgánica letal, el atacante ejecutó una rápida fuga: compró un pasaje de solo ida hacia Río de Janeiro, abordó un vuelo nocturno desde Aeroparque y permaneció prófugo en el país vecino.
Tras casi un año de permanecer oculto, Grinstein fue arrestado por las autoridades brasileñas por un delito menor en Barra de Tijuca y, tras el cruce de alertas rojas de Interpol, fue formalmente extraditado hacia la Argentina para quedar alojado en una alcaidía de la Ciudad de Buenos Aires. La titular del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°17, María Gloria Capanegra, dispuso que el sospechoso sea sometido a un examen pericial interdisciplinario en el área psiquiátrica (Prisma o HPC) a fin de evaluar su imputabilidad antes de la indagatoria, al tiempo que le trabó una estricta prohibición de contacto hacia su madre y sus dos hermanas.
El acusado afronta una imputación por homicidio calificado por el vínculo, delito que prevé una pena única de prisión perpetua. En paralelo, los peritos químicos continúan analizando los recipientes plásticos y los restos de un sillón secuestrados durante el allanamiento en el inmueble de Austria al 1900 para certificar con exactitud la composición del corrosivo letal empleado en la agresión.







