La paralización de las exploraciones en la zona fronteriza con San Juan desató el malestar gremial. Desde AOMA La Rioja advierten que la paciencia de los trabajadores se terminó y exigen definiciones políticas urgentes.
El clima social en la vecina provincia de La Rioja ha alcanzado un punto de ebullición. El proyecto Vicuña, un ambicioso desarrollo minero que comparte raíces geológicas con la pujante actividad sanjuanina, se encuentra hoy en el centro de una disputa que combina incertidumbre administrativa y desesperación laboral.
El detonante del conflicto
Tras meses de promesas y una tensa calma, la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) seccional La Rioja lanzó un contundente comunicado bajo la consigna: «La paciencia se ha agotado». El foco de la bronca es la falta de avances en los permisos y la logística necesaria para reactivar las labores en el distrito Vicuña, lo que pone en riesgo cientos de puestos de trabajo directos e indirectos.
«No podemos seguir viviendo de anuncios que no se concretan mientras las familias mineras ven cómo se diluye su fuente de sustento», expresaron fuentes gremiales.
El contraste con San Juan
Para el lector sanjuanino, el proyecto Vicuña no es un nombre extraño. Forma parte de un sistema que integra proyectos de clase mundial como Josemaría y Filo del Sol. Mientras que en San Juan la minería se mantiene como política de Estado con una continuidad técnica más clara, en La Rioja la burocracia y las idas y vueltas políticas han generado un cuello de botella que hoy «detonó» la paz social.
Puntos clave de la protesta:
- Incertidumbre laboral: Cientos de trabajadores dependen de la reactivación de las campañas de exploración.
- Freno administrativo: Reclaman que el Gobierno provincial agilice las gestiones para permitir el libre tránsito y la operatividad en la zona de cordillera.
- Alerta de medidas de fuerza: Los delegados no descartan movilizaciones masivas y bloqueos si no hay una respuesta oficial en las próximas horas.
Un escenario de incertidumbre
El freno en Vicuña no solo afecta a los trabajadores riojanos; es un llamado de atención para todo el clúster minero regional. La interconexión de servicios y proveedores con San Juan hace que cualquier sismo en la actividad vecina repercuta en las empresas locales que prestan apoyo en la alta cordillera.
Por ahora, los mineros permanecen en estado de asamblea permanente. La pelota está en el campo del Gobierno riojano, que deberá decidir si da luz verde a la inversión o si el conflicto escala hasta volverse incontrolable en plena temporada de alta montaña.
Por Redacción Diario Colón







