Este 21 de abril se conmemora un año de la partida de Jorge Mario Bergoglio. El Vaticano recuerda la fragilidad de su salud tras las Pascuas de 2025 y el impacto global de su deceso a los 88 años de edad.
El preludio de la despedida
La Santa Sede y el mundo católico atraviesan una jornada de profunda reflexión al cumplirse el primer aniversario de la muerte del papa Francisco, ocurrida el 21 de abril de 2025. Tras haber recibido el alta médica el 23 de marzo previo, luego de atravesar cuadros críticos de infección respiratoria y neumonía bilateral, el sumo pontífice había retomado sus actividades en la residencia de Santa Marta. Pese a su evidente fragilidad física y un gesto marcado por el desgaste de su salud, Bergoglio mantuvo su compromiso pastoral hasta el último aliento.
Sus allegados recuerdan que, tras su última aparición pública en la Plaza de San Pedro para las ceremonias de Pascua, el Papa manifestó su gratitud por haber podido reencontrarse con los fieles. Aquel gesto de cercanía, que incluyó la bendición a numerosos niños, se convertiría, en retrospectiva, en su adiós definitivo a la feligresía.
La madrugada del desenlace fatal
Las alarmas en el entorno del Santo Padre se encendieron pasadas las cinco de la mañana de aquel lunes 21 de abril. Francisco despertó con un malestar agudo y solicitó la asistencia de su enfermero personal, Massimiliano Strappetti. Lo que inicialmente se presentó como una descompensación, derivó rápidamente en un cuadro irreversible.
De acuerdo con los informes oficiales de la oficina de prensa del Vaticano, el deceso se produjo a las 7:35 de la mañana, como consecuencia de un derrame cerebral, seguido de un estado de coma y un colapso cardiovascular que no pudo ser revertido por los médicos de cabecera. La noticia fue comunicada oficialmente por el cardenal Kevin Farrell, en su rol de camarlengo, confirmando el regreso del «Obispo de Roma a la casa del Padre».
Un legado de austeridad y misión social
A un año de aquel suceso que conmovió a la opinión pública internacional, la figura de Francisco es recordada por su impronta transformadora y su constante llamado a la paz en los conflictos globales. En sus últimos mensajes difundidos a través de canales digitales, el pontífice argentino había insistido en que la existencia humana «no está hecha para la muerte, sino para la vida», una frase que hoy resuena como su testamento espiritual.
Hoy, sus restos descansan en la Basílica de Santa María la Mayor, lugar que él mismo eligió para su sepultura, rompiendo con la tradición de las grutas vaticanas y reafirmando su vínculo personal con la Virgen Salus Populi Romani. En Roma y en diversas capitales del mundo, se llevan a cabo misas y actos conmemorativos para honrar la memoria del primer Papa jesuita y latinoamericano de la historia.







