El presidente de los Estados Unidos cerró una histórica y estratégica cumbre bilateral en Pekín junto a su homólogo Xi Jinping. Antes de abordar el Air Force One, el mandatario norteamericano destacó la sintonía en materia económica y geopolítica, en medio del frágil escenario de tensión global.
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, culminó este viernes su esperada visita de Estado a China con un balance sumamente optimista. En un encuentro de alto nivel en Zhongnanhai (la sede del Gobierno chino) antes de emprender su regreso a Washington, el líder republicano aseguró haber sellado «acuerdos comerciales fantásticos» con el gigante asiático, al tiempo que remarcó una fuerte coincidencia de criterios con el presidente Xi Jinping respecto al conflicto militar con Irán.
“Esta ha sido una visita increíble”, incidió el mandatario estadounidense al hacer un repaso de las jornadas de discusión en Pekín. “Muchas cosas buenas han salido de ella. Hemos hecho algunos acuerdos comerciales fantásticos”, manifestó con entusiasmo en las escalinatas del aeropuerto, poco antes de abordar el avión presidencial Air Force One.

El factor Irán en la mesa de discusión
Más allá de los entendimientos económicos y de inversiones mutuas, la delicada situación en Medio Oriente y la guerra con el país de los ayatolás centraron buena parte de la agenda de ambos mandatarios. Trump fue categórico al referirse a la postura que comparte con Xi Jinping sobre las ambiciones nucleares de Teherán: “Sentimos lo mismo, ¿verdad? Queremos que esto termine. No queremos que tengan armas nucleares. Queremos que el Estrecho esté abierto», aseveró en referencia directa al control del estratégico Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el comercio marítimo mundial de petróleo.
En sintonía con estas declaraciones, trascendió que el mandatario chino se comprometió firmemente a no proveer equipamiento militar a Irán en medio de la actual escalada bélica, un gesto que en Washington fue recibido como un logro diplomático clave. No obstante, Xi Jinping también hizo hincapié en la necesidad de preservar los históricos lazos económicos de China con la región, especialmente en lo que respecta a la compra de crudo.
Hacia un nuevo entendimiento geopolítico
La visita de Trump a Pekín —la primera de un jefe de Estado norteamericano en casi una década— se dio en un contexto complejo, signado internamente en EE. UU. por la suba internacional del precio del combustible y externamente por la necesidad de China de reactivar su economía ante una sostenida desaceleración.
Durante el banquete oficial de cierre, Trump extendió una invitación formal a Xi Jinping para que visite la Casa Blanca el próximo mes de septiembre, con miras a continuar dándole forma a los convenios alcanzados. Aunque todavía resta que se oficialicen los detalles técnicos de los nuevos lineamientos arancelarios y de inversión, las declaraciones del líder estadounidense marcan el inicio de una tregua táctica y un inesperado puente de entendimiento entre las dos superpotencias globales.







