La autoridad electoral confirmó que los candidatos definirán la presidencia el próximo 7 de junio tras un agónico conteo que demoró más de cuatro semanas. La segunda vuelta expondrá dos modelos de país irreconciliables: la derecha dura del fujimorismo frente al plan de reforma constitucional de la izquierda. El tercer candidato, Rafael López Aliaga, denunció un «fraude masivo».
Perú ingresa formalmente en uno de los escenarios de mayor polarización de su historia reciente. Tras un turbulento proceso de recuento que estiró la incertidumbre por más de un mes, la autoridad electoral de ese país proclamó de forma oficial que Keiko Fujimori y el congresista de izquierda Roberto Sánchez se enfrentarán en la segunda vuelta presidencial el próximo domingo 7 de junio.
El resultado final del 100% de las mesas escrutadas dejó en evidencia la extrema fragmentación del voto peruano, donde compitió una cifra récord de 35 aspirantes. Fujimori (Fuerza Popular) se quedó con el primer lugar al cosechar apenas el 17% de los sufragios, mientras que Sánchez (Juntos por Perú) se adjudicó el pasaje al balotaje con el 12%, aventajando por un suspiro de apenas 21.239 votos al empresario de extrema derecha y exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga.

Escándalo, retrasos y acusaciones de fraude
El camino hacia la oficialización de las fórmulas estuvo signado por el caos institucional. En la jornada electoral del pasado 12 de abril, decenas de centros de votación en Lima —bastión clave de la derecha— no pudieron abrir a tiempo debido a severos retrasos en la entrega de las urnas y las actas, lo que obligó a prorrogar los comicios hasta el día siguiente.
A raíz de estos desajustes, López Aliaga (conocido popularmente como «Porky») rechazó de cuajo las cifras oficiales, calificó el proceso como un «fraude masivo» y encabezó masivas movilizaciones en las calles de la capital exigiendo la nulidad de las elecciones. Si bien los veedores internacionales descartaron indicios de manipulación, la presión política terminó forzando la renuncia de un alto funcionario del órgano electoral en medio de allanamientos policiales a las sedes gubernamentales.
Por si fuera poco, la tensión judicial sumó un nuevo capítulo: la Fiscalía de la Nación formalizó una acusación penal contra Roberto Sánchez por presunta falsificación de documentos y declaraciones falsas vinculadas a las finanzas de su partido entre 2018 y 2020, solicitando una pena de 5 años de prisión e inhabilitación perpetua. «Estamos tranquilos, demostraré su error», replicó el candidato de izquierda, atribuyendo la maniobra a una persecución de la clase política tradicional.
Dos visiones de país en juego
El balotaje del 7 de junio obligará a los peruanos a elegir entre dos proyectos ideológicos diametralmente opuestos para intentar salir de la crónica crisis que llevó al país a tener nueve presidentes en la última década:
- El modelo de Keiko Fujimori: En su cuarto intento por llegar al sillón de Pizarro, la hija del expresidente Alberto Fujimori (fallecido en 2024) busca capitalizar el voto conservador. Su plataforma se enfoca en aplicar mano dura contra la delincuencia y blindar el libre mercado, presentándose como el único dique de contención frente al comunismo. Sus detractores, en tanto, le cuestionan el uso de su hegemonía legislativa para debilitar el contrapeso de poderes y las instituciones independientes.
- La propuesta de Roberto Sánchez: Autoproclamado heredero político del destituido Pedro Castillo —de quien fue ministro de Comercio Exterior y Turismo—, Sánchez pisa fuerte en las provincias rurales del interior profundo y el sur del país, como Puno, donde el resentimiento por la represión estatal de 2022 sigue a flor de piel. Su plan de gobierno propone un rol mucho más interventor del Estado en la economía y una reforma integral de la Constitución Nacional.
Con las cartas echadas sobre la mesa y un electorado sumido en la desconfianza y el desencanto, Perú se encamina a una campaña corta pero feroz, donde ambos candidatos deberán salir a la caza de ese enorme porcentaje de votantes huérfanos que dejó la primera vuelta.







