El mandatario de derecha José Antonio Kast ejecutó el cambio de gabinete más rápido desde el retorno a la democracia en 1990, con apenas 69 días de gestión. Golpeado por un desplome de su popularidad al 40% debido a la falta de resultados en su promesa de «mano dura», el líder del Partido Republicano destituyó a la ministra de Seguridad Pública, la exfiscal Trinidad Steinert, y a la ministra vocera de Gobierno, Mara Sedini. El ajuste se da en medio de fuertes críticas por los recortes presupuestarios, el aumento de combustibles y el reconocimiento de que su promesa de expulsar a 330.000 migrantes irregulares era solo una «hipérbole», justo en la antesala de la votación parlamentaria de su megarreforma económica estrella.
La luna de miel del nuevo gobierno chileno llegó a su fin de manera prematura. A tan solo 69 días de haber asumido la conducción del Palacio de la Moneda, el presidente de derecha José Antonio Kast se vio obligado a desarmar el núcleo político de su elenco ministerial. En una ceremonia de urgencia, el jefe de Estado admitió que su administración requiere una profunda corrección de rumbo y concretó la remoción de las titulares de las carteras de Seguridad y de la Secretaría General de Gobierno, transformando este ajuste en el más veloz y temprano desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet.
El detonante de la crisis interna radica en el rápido desgaste de la imagen presidencial. De acuerdo con los últimos sondeos de opinión en el país trasandino, la aprobación a la gestión de Kast cayó abruptamente hasta ubicarse en un 40%, mientras que los índices de desaprobación duplicaron su valor inicial. Frente a este panorama, el propio mandatario reconoció desde el palacio de gobierno que no preveía una oxigenación de sus ministerios a tan poco tiempo de arrancar, pero justificó la medida: “Hemos tenido que tomar medidas impopulares y eso golpea a cualquier gobierno, pero las tomamos con convicción. Llegó el momento de hacer un cambio en la forma y en el fondo de cómo nuestro Gobierno va a comunicar las cosas”.
Dobles funciones en el gabinete y los motivos del desplome
Para resolver las vacantes de forma inmediata, Kast optó por un diseño de emergencia que concentra el poder en figuras de su extrema confianza, obligando a varios ministros a asumir la gestión de dos carteras en paralelo:
- Seguridad Pública: La cuestionada exfiscal Trinidad Steinert fue desplazada ante el descontento social por la falta de avances en el combate al crimen organizado. Su lugar será ocupado por el ministro del Interior, Claudio Alvarado, quien desde ahora compaginará ambas funciones bajo una superestructura de control político.
- Vocería de Gobierno: La actriz y periodista Mara Sedini dejó su cargo como secretaria General tras encadenar severos fallos de coordinación. Fue reemplazada por Martín Arrau, quien hasta este martes se desempeñaba como ministro de Obras Públicas.
- Obras Públicas y Transportes: Ante el movimiento de Arrau, la cartera de Obras Públicas quedó bajo la órbita del actual ministro de Transportes, Louis de Grange, quien también gestionará de manera simultánea ambas reparticiones estatales.

Según el análisis de los expertos y los centros de estudio chilenos, la abrupta caída en las encuestas no responde a un único factor. Al estancamiento en materia de seguridad —la principal bandera electoral de la derecha republicana— se le sumó el malestar ciudadano provocado por millonarios recortes ordenados en la administración pública bajo el argumento de la estrechez fiscal, así como las sucesivas subas en el precio de los combustibles.
Sin embargo, el golpe más duro a la línea de flotación de La Moneda ocurrió la semana pasada, cuando el propio Kast admitió públicamente que su promesa estrella de campaña —que aseguraba la expulsión inmediata de más de 330.000 migrantes en situación irregular— había sido en realidad una «hipérbole» discursiva, quebrando la credibilidad del relato oficial ante parte de su electorado.
El fantasma de la improvisación y el test en el Congreso
La reconfiguración del Ejecutivo se produce en un momento legislativo de máxima sensibilidad institucional. El recorte ministerial se materializó a menos de dos semanas de que el mandatario ofrezca su primer discurso de rendición de cuentas ante el Congreso Pleno, y a escasos días de que la Cámara de Diputados vote la admisibilidad de una megarreforma impositiva que contempla drásticas rebajas fiscales para las corporaciones y empresas, considerada la columna vertebral del programa económico de Kast.
Desde la oposición de izquierda, el diagnóstico de la crisis fue letal. La presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez —dirigente de la escudería del expresidente Gabriel Boric—, disparó con dureza a través de sus redes sociales: “La salida de Steinert y Sedini es el síntoma, no la causa. El problema es de fondo: Kast no tenía un plan en seguridad, pese a haber utilizado el miedo en campaña”.
En sintonía, analistas de la Universidad de Chile y de la Universidad Diego Portales coincidieron en que el gabinete original padecía una preocupante ausencia de partidos políticos tradicionales y un exceso de ministros sin experiencia en la negociación pública. Los analistas recordaron que el nivel de improvisación de la ahora exministra Steinert llegó a su punto máximo cuando admitió formalmente ante el Parlamento que el Gobierno carecía de un plan de seguridad concreto y estructurado para enfrentar la ola de delincuencia, un sincericidio que aceleró de forma irreversible su salida del poder.







