El presidente de los Estados Unidos criticó con dureza la inacción de las administraciones norteamericanas previas y aseguró ante la prensa que podría ser el encargado de actuar sobre la isla. El mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, repudió los dichos y alertó que una ofensiva militar desencadenaría «un baño de sangre» con secuelas impredecibles para toda América Latina.
Declaraciones de Trump y la movilización de fuerzas en el Caribe
En una fuerte jornada de declaraciones en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense Donald Trump se dirigió a los cronistas apostados en el lugar para referirse a la situación de Cuba, manifestando de manera tajante que sus predecesores pasaron décadas debatiendo el conflicto sin concretar medidas efectivas. «Otros presidentes han analizado esto durante 50 o 60 años, hacer algo», disparó el jefe de Estado, completando la idea de forma determinante: «Y ahora parece que yo seré el que lo haga. Así que estaría encantado de hacerlo. Los cubanoestadounidenses pueden regresar y ayudar».
En sintonía con la postura de la gestión de Washington, el secretario de Estado, Marco Rubio, se había expresado de forma previa advirtiendo que los márgenes para alcanzar una salida negociada y diplomática con el gobierno de La Habana son sumamente bajos en la actualidad.
Este endurecimiento retórico está respaldado por acciones de despliegue militar concretas en la región:
- Acusación penal formal: El gobierno de los EE. UU. responsabilizó penalmente al líder de la Revolución Cubana, Raúl Castro, por el derribo letal de dos aeronaves civiles a manos de las fuerzas armadas de su país hace tres décadas.
- Despliegue naval de envergadura: El Pentágono ordenó el envío del Grupo de Ataque del Portaaviones Nimitz rumbo a las aguas del Mar Caribe. Esta maniobra táctica es evaluada por los especialistas internacionales como un eslabón central dentro de una agresiva estrategia global de ahogo y presión política contra el régimen cubano.
La respuesta de La Habana y las advertencias de Díaz-Canel
Desde la contraparte, las máximas autoridades de la isla no tardaron en salir al cruce de las afirmaciones que llegaron desde el norte. El actual presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, rechazó de plano las acusaciones emitidas contra la figura histórica de Raúl Castro, calificando el proceso judicial de Washington como una mera «maniobra política» carente de cualquier tipo de sustento jurídico legítimo.

Según la visión de Díaz-Canel, la administración estadounidense «miente y manipula» los hechos reales referidos a la destrucción de los aviones, alegando que los mismos correspondían operativamente a la organización Hermanos al Rescate, a la cual tildó de carácter «narco-terrorista».
El líder cubano ya venía plantando bandera a comienzos de esta semana con alertas muy crudas respecto de los riesgos globales de un conflicto armado, remarcando que una incursión bélica norteamericana en suelo insular no solo costaría miles de vidas, sino que tendría un impacto destructivo e irreversible para los acuerdos de paz y el equilibrio institucional de todo el continente latinoamericano. Por el momento, la mesa de análisis internacional sigue con extrema preocupación el minuto a minuto del posicionamiento de las fuerzas del Nimitz en la región del Caribe.







