Los lectores expusieron las cinco infracciones más frecuentes en un escenario alarmante, donde las muertes por siniestros viales continúan en ascenso. El uso del teléfono al volante lidera un hábito cultural letal.
La alarmante escalada de siniestros viales letales en la provincia de San Juan ha dejado de ser una simple racha de mala fortuna para consolidarse como una crisis estructural de conducta urbana. Tras una serie de impactantes choques registrados en arterias clave como la Ruta Nacional 40, el debate público sobre la responsabilidad al volante ha alcanzado un punto de ebullición. En este contexto, un reciente relevamiento interactivo realizado por TIEMPO DE SAN JUAN desnudó lo que puede catalogarse como un verdadero «sincericidio vial»: los propios sanjuaninos reconocen cuáles son las transgresiones más habituales en el día a día, confirmando que la imprudencia es, por amplio margen, el factor determinante en las tragedias.
El dato más contundente, y que genera mayor preocupación entre las autoridades y las organizaciones civiles, es el rol del teléfono celular. Lejos de ser un elemento de comunicación secundario, las pantallas se han convertido en el principal copiloto de la negligencia en calles y avenidas. Los encuestados admitieron que el hábito de revisar mensajes de texto, responder audios de WhatsApp o interactuar con redes sociales mientras se conduce es una constante que traspasa todas las edades y sectores sociales, adulando por completo los reflejos mínimos necesarios para reaccionar ante cualquier imprevisto.
El mapa de la imprudencia: Las 5 infracciones más frecuentes
- Uso continuo del celular al volante: Redactar mensajes, enviar notas de voz o mirar la pantalla en movimiento, reduciendo drásticamente el tiempo de respuesta defensiva.
- No respetar la prioridad de la derecha ni los carteles de Pare: Especialmente visible en las esquinas de los departamentos del Gran San Juan, donde el cruce se convierte en una pulseada de audacia en lugar de una norma respetada.
- Exceso de velocidad en zonas urbanas y avenidas: El desapego a las máximas permitidas en calles residenciales y vías de tránsito rápido como la Avenida Circunvalación.
- Falta de uso del casco en motociclistas y cinturón en automovilistas: El abandono de los elementos básicos de seguridad pasiva, lo que transforma un impacto menor en una fatalidad.
- Girar sin señalizar (omisión de luces de giro): Una conducta generalizada que impide a los vehículos de atrás anticipar las maniobras, provocando choques en cadena y encierros violentos.
Este «sincericidio» colectivo ocurre en el peor escenario posible. La Asociación Familias del Dolor y la Esperanza, entidad que nuclea a familiares de víctimas de siniestros viales en San Juan, viene advirtiendo de forma sistemática sobre la urgencia de endurecer los controles y modificar el comportamiento cultural de la comunidad. Las estadísticas no mienten: cada cruz amarilla pintada sobre el asfalto representa una vida truncada que, en la inmensa mayoría de los casos, se podría haber evitado si se hubiera priorizado la atención vial por sobre la urgencia digital.
«El celular en la mano transforma al auto en un arma. No es una distracción menor, es la decisión consciente de poner en riesgo la vida propia y la de los demás.»
Para los especialistas en seguridad vial, la solución no radica únicamente en el incremento del valor de las multas, sino en una fiscalización efectiva y un cambio de paradigma educativo. Mientras mirar una pantalla por cinco segundos a 60 kilómetros por hora equivalga a conducir a ciegas durante una cuadra entera, las calles de San Juan seguirán siendo el escenario de tragedias evitables. El diagnóstico está hecho por los propios protagonistas; resta saber si este sincericidio servirá de base para una verdadera toma de conciencia o si el contador de víctimas fatales seguirá sumando nombres al dolor provincial.







