El barrio Ampliación Ferreyra intenta asimilar el impacto de la tragedia que quebró la rutina del fin de semana. Mientras la televisión transmitía el partido de Belgrano, un megaoperativo con más de 200 efectivos, helicópteros y buzos tácticos confirmó la peor noticia en un descampado de la periferia. Los habitantes exigen urgente desmalezamiento y luminarias para una zona que califican como «una boca de lobo».
El contraste de una tarde que pasó de los gritos de gol a la pesadilla
El estrépito de la rutina barrial se desmoronó por completo durante la tarde de este sábado en el sector de Ampliación Ferreyra, en la periferia de la capital cordobesa. En un primer momento, la atención de la gran mayoría de los hogares estaba concentrada en la transmisión deportiva: los televisores encendidos replicaban el partido entre Belgrano y Gimnasia de Jujuy, y los gritos por los goles del conjunto pirata dominaban el ambiente.
La atmósfera cambió de forma radical con el arribo imprevisto de una camioneta perteneciente al área de Ciencias Forenses del Ministerio Público Fiscal, escoltada por un súbito despliegue de patrulleros. El movimiento de uniformados encendió las primeras alarmas entre los residentes, quienes comenzaron a agruparse en las esquinas detrás del encintado perimetral para intentar descifrar la gravedad del operativo. Minutos más tarde, las sospechas se transformaron en horror al confirmarse el hallazgo de los restos de Agostina Vega, la adolescente de 14 años que era intensamente buscada.

Un megaoperativo inédito en un predio cargado de recuerdos
A veinticuatro horas del hallazgo, el silencio y la desconfianza se apoderaron de las calles internas. El imponente predio de más de 200 hectáreas, que solía formar parte de la geografía cotidiana y recreativa del sector, se convirtió en el epicentro de las miradas de reojo. Antiguos pobladores de la zona recordaron con nostalgia y asombro que esos terrenos, hoy cubiertos de maleza, solían ser campos sembrados de papa y soja custodiados por los propios vecinos, e incluso albergaban sectores donde los jóvenes de la zona se bañaban durante las temporadas estivales de hace quince años.
Para la comunidad local, el despliegue técnico y humano para rastrillar el monte bajo y las lagunas resultó impactante y ajeno a la realidad del barrio:
- Recursos desplegados: El Ministerio de Seguridad movilizó a más de 200 efectivos en el terreno.
- Especialidades de búsqueda: Se utilizaron divisiones caninas (perros rastreadores), montada a caballo y el cuerpo de buzos tácticos para rastrear los espejos de agua.
- Soporte tecnológico: La búsqueda aérea estuvo coordinada mediante helicópteros y el uso de drones de alta tecnología.

Inseguridad estructural y el estigma de la tragedia
La velocidad con la que se propagó la confirmación del hecho generó una saturación de comunicaciones entre los vecinos, quienes pasaron de la incredulidad a la preocupación. Muchas madres del sector manifestaron su profunda inquietud por la seguridad de los menores que residen en la zona, definiendo el impacto de la noticia como una verdadera «bomba» que alteró la paz familiar. «Uno siempre ve estas cosas por televisión. Parece una película de terror», sintetizó una de las mujeres apostadas en las inmediaciones del encintado policial.
Asimismo, referentes barriales lamentaron que el nombre del asentamiento quede asociado de forma internacional o mediática con un hecho de estas características policiales. Destacaron que Ampliación Ferreyra es un sector habitado por familias trabajadoras, donde el tejido social se sostiene mediante la actividad solidaria de múltiples merenderos y el funcionamiento de una olla popular diaria.
El caso, además de la lógica conmoción judicial, reactivó los reclamos históricos de la comunidad respecto al abandono de la infraestructura urbana en los márgenes de la ciudad. Los vecinos aprovecharon la presencia de las cámaras para exigir a las autoridades municipales un plan de contingencia inmediato que incluya el corte de pastizales altos, el desmalezamiento del predio y la colocación de luminarias públicas eficientes, denunciando que de noche el descampado se transforma en una peligrosa «boca de lobo» que facilita la impunidad.








