Este lunes 1 de junio, los tribunales abrieron sus puertas para dar inicio a uno de los debates orales más dolorosos y de mayor gravedad de los últimos años. En el banquillo de los acusados se sentó Marcos Gabriel Pereyra, el conductor imputado por desatar una doble tragedia vial en 9 de Julio el pasado 19 de enero de 2025, un hecho que se cobró la vida de Juan Torres —quien circulaba en otro vehículo— y de Mirko Aballay, el acompañante de Pereyra.
El proceso judicial está siendo presidido por el juez Sergio López Martí. La acusación está en manos del Ministerio Público Fiscal, con un equipo liderado por el fiscal Iván Grassi (en subrogancia del fiscal Sebastián Gómez) y la ayudante fiscal Agostina Pérez. Por su parte, la defensa técnica del imputado es ejercida por los abogados Marcelo Fernández Valdez y Nadia Derka.
Una suma de negligencias criminales
Según los lineamientos de la investigación, lo ocurrido no fue un simple accidente de tránsito, sino el resultado de un accionar que configura el delito de homicidio culposo por la conducción imprudente de un vehículo con motor, triplemente agravado.
Las tres agravantes presentadas por la fiscalía son:
- Conducción bajo los efectos de estupefacientes: Los peritajes confirmaron que Pereyra manejaba intoxicado con cocaína, lo que anuló sus reflejos y alteró por completo su capacidad al volante.
- Culpa temeraria: La acusación sostiene que el imputado mostró un desprecio absoluto por las normas de tránsito elementales y por la vida humana.
- El número de víctimas fatales: La imprudencia extrema provocó la muerte de dos personas.
Posible pena
Dada la magnitud de los agravantes, el Ministerio Público Fiscal avanza firmemente en el pedido de una pena que podría alcanzar hasta los 5 años de prisión de cumplimiento efectivo, sumado a una inhabilitación prolongada para conducir.
A lo largo de las próximas audiencias, el tribunal escuchará a testigos y peritos para reconstruir los minutos previos al impacto. Las familias de las víctimas aguardan que se aplique todo el peso de la ley y que el caso siente un precedente sobre la gravedad de mezclar drogas y el volante.







