La Justicia de San Juan dictó una polémica sentencia contra Jonathan Erick Andrade, un minero hallado culpable de una brutal escalada de violencia de género en Concepción. A pesar de la extrema crueldad de los ataques, que incluyeron atropellar a la víctima con un auto, apuñalarla y orinar sobre sus heridas, el agresor zafó de la cárcel tras pactar un juicio abreviado y recibió una condena de tres años de prisión en suspenso, lo que le permitió recuperar la libertad de inmediato.
El historial de terror comenzó el 7 de marzo de 2025 en Avenida Libertador. Tras una discusión por celos, Andrade subió a su Chevrolet Prisma y pasó por encima a la mujer con una de las ruedas. La víctima sufrió fracturas en las costillas y pérdida de conocimiento. En su momento, la causa de la UFI CAVIG no prosperó porque la mujer regresó con el agresor y, bajo presión, declaró que se había caído de una bicicleta, por lo que el expediente fue archivado provisoriamente.
La violencia llegó a su límite el pasado 29 de mayo de 2026 en la vivienda que compartían en Concepción. Tras un reclamo económico, Andrade atacó a la víctima a golpes, tomó un cuchillo de cocina y le produjo múltiples cortes en las manos y rodillas al grito de «ya vas a ver lo loco que soy». En un acto de degradación extrema, el agresor la orinó directamente sobre las heridas abiertas.
La mujer logró escapar a las 7:30 de la mañana en un descuido de Andrade. En ropa interior y con una campera, condujo el auto hasta la Comisaría 2°, ubicada a 150 metros del lugar, donde logró pedir auxilio y radicar la denuncia que reactivó también la causa anterior por el intento de femicidio con el vehículo.
Finalmente, el caso se resolvió mediante un juicio abreviado acordado por la defensa de Andrade y los fiscales Omar Galeano y Alberto Martínez. La jueza Celia Maldonado homologó el acuerdo por los delitos de lesiones leves y graves agravadas por el vínculo, violencia de género y coacción armada. El minero quedó libre este viernes, condicionado únicamente a realizar un tratamiento psicológico, cumplir una perimetral de 200 metros y la orden de borrar del celular cualquier archivo íntimo de la víctima.








