El informe forense desmintió categóricamente la versión de la madre y el padrastro, quienes habían asegurado que el menor murió al «caerse de la cama». El resultado de la necropsia arrojó que la causa del deceso fue asfixia mecánica provocada. El hombre está imputado por homicidio agravado por alevosía.
La investigación penal por la muerte de Thiago Altamirano, el nene de apenas 2 años que falleció a fines de junio en la provincia de Salta, dio un giro dramático y estremecedor. Los resultados de la autopsia ordenada por las autoridades judiciales desmintieron por completo la coartada de la madre y del padrastro —quienes se encuentran detenidos desde el inicio del caso—, complicando drásticamente su frente legal al confirmar que se trató de un homicidio intencional.
La mentira de la cama y el dictamen forense
María del Milagro Cuéllar Medina (madre de la víctima) y su pareja, Franco Nicolás Funes, habían declarado ante el fiscal penal Daniel Espilocín, de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas, que el pequeño Thiago había sufrido un accidente doméstico fatal al caerse accidentalmente de su cama. Sin embargo, los peritos forenses echaron por tierra esa versión de manera rotunda.
La necropsia científica determinó que la causa fehaciente del fallecimiento fue asfixia mecánica provocada. Asimismo, el informe médico legal especificó con claridad que en el cuerpo del niño no se observaron contusiones, traumatismos ni lesiones que fueran compatibles con una caída o un golpe propio de un accidente en el hogar, validando la hipótesis de un ataque directo.
Imputación por alevosía y el dolor de los abuelos
A raíz de este contundente escenario probatorio, el fiscal Espilocín centró la acusación principal sobre el padrastro, Franco Funes, imputándolo formalmente por el delito de homicidio agravado por alevosía. En paralelo, el Ministerio Público Fiscal se encuentra analizando minuciosamente el nivel de responsabilidad penal que le cabe a Cuéllar Medina en su rol de madre y garante de la seguridad y el cuidado del menor.
Mientras la causa avanza hacia la recolección de pericias tecnológicas y ambientales, la dueña de la propiedad que alquilaban y varios vecinos de la zona brindaron declaraciones testimoniales. Según fuentes judiciales, estos relatos permitieron reconstruir el contexto de extrema violencia y vulnerabilidad habitacional en el que subsistían Thiago y su hermano menor, un bebé de tan solo 10 meses de vida.
El desenlace generó una profunda indignación en la familia paterna del nene, quienes ya habían alertado a los estamentos oficiales sobre el peligro latente.
“Pasó lo que no queríamos que pasara. Mi nieto de dos años falleció a manos de la madre y la pareja de ella, a golpes”, había denunciado públicamente Marta, la abuela paterna, quien junto al abuelo del nene habían participado activamente de la crianza de los hermanos antes del trágico e irreversible final.







